Esta semana nuestro adoradísimo socio en la Refinería, Hugo Chávez, aceptó públicamente que Estados Unidos había reducido de forma notoria la cantidad de petróleo que venía comprando de Venezuela, y sin darse cuenta también informó al mundo que desde que asumió la presidencia hasta la fecha, la producción venezolana del oro negro había caído en 20% al situarse en 2.9 millones de barriles diarios.
Me recuerda algo de lo que yo escribiera en Febrero del 2006 a través de este mismo medio: Cuanto tiempo queda para que Estados Unidos se canse de financiar, con el dinero de sus contribuyentes, a gobiernos que pretenden llevar inestabilidad en sus regiones bajo la bandera del antiamericanismo?
Y así las cosas, lentamente Estados Unidos ha estado dirigiendo más de su demanda petrolera a Canadá, Arabia Saudita y otros países menos hostiles a sus intereses, mientras Venezuela solo puede mirar como su principal comprador deja de mandar dólares en su dirección.
Chávez, para huir de la vergüenza, alega que la oferta de petróleo que ha dejado de comprar Estados Unidos se dirige a países en Asia y Latinoamérica, sin especificar cuáles. Y si consideramos que casi todos los países asiáticos compran su petróleo en Rusia y el Medio Oriente, y que los países latinoamericanos con una demanda relevante son autosuficientes del petróleo, implica que Chávez está diciendo que lo que deja de comprar Estados Unidos, ahora se coloca en los países del Petrocaribe.
Pero admitir lo anterior significaría para Chávez decir que el petróleo que Estados Unidos antes consumía y pagaba un dólar arriba del otro, ahora es consumido por países que lo cogen fiao a 20 años. También reconocer que sus finanzas públicas están en gravísimo peligro y con la agravante de que a mediano plazo Venezuela se puede quedar sin su mayor comprador de la producción petrolera.
Pobre socio, tiene su economía desplomándose en todos sus indicadores, con millones de votantes a quienes subsidiar, para que justo ahora cuando más necesita dinero, Estados Unidos se le adelante y antes que pudiera cumplir sus amenazas de dejar de venderles, estos empiecen a dejar de comprarle.
Y mientras tanto los venezolanos siguen disfrutando de las bondades del Socialismo del Siglo XXI ahogados en la pobreza, el desempleo, la delincuencia y las restricciones a sus libertades, al mismo tiempo que ven como sus petrodólares pagan los constantes viajes de su Presidente (nuestro socio) a Cuba, sus fantochadas armamentísticas y geopolíticas, y sus cómicas bravuconadas contra el Imperio.
Todos recuerdan a Chávez proclamando el olor a azufre dejado por el diablo (Bush) en la Asamblea General de la ONU. Sería correcto que alguien ahora le recuerde que no es lo mismo llamar al diablo, que verlo llegar.
A Chávez sólo le queda cruzar los dedos y esperar que la gallina de los huevos de oro negro siga empollándole dólares por suficiente tiempo para que sus programas sociales no empiecen a colapsar antes de todos los comicios venideros en Venezuela, y su masa votante pagada descubra lo que millones de rusos descubrieron por allá, en el siglo pasado.

