Editorial

Alta y fúnebre

Alta y fúnebre

El asesinato del teniente coronel de la Policía Virgilio Casilla Minaya, ocurrido el 21 de enero en Los Alcarrizos y que la institución ha atribuido a la delincuencia común, no es uno de los tantos homicidios que perturban a la población. Se trata de una nota bastante alta sobre la dimensión alcanzada por la encrespada criminalidad.

Al margen de las contradicciones en que ha incurrido la propia Policía sobre la muerte del oficial, lo cierto es que desde hace tiempo nadie está exento de la oleada criminal que ha dejado sus huellas, en ocasiones con escalofriantes matices, en cada palmo del territorio.

El eslabón más reciente dentro de la larga cadena de crímenes y atracos ha sido el robo perpetrado ayer en la madrugada en la residencia de la jueza Clara Nivar Arias, ubicada en la urbanización Leonela, de Madre Vieja, San Cristóbal. Tras violar a una empleada doméstica, los maleantes sólo pudieron cargar con una computadora portátil.

El caso, como la muerte del coronel Casilla Minaya, puede inscribirse dentro de la delincuencia común. Pero el hecho de que la magistrada Nivar Arias fuera la que tuviera a su cargo el juicio preliminar contra los imputados en la red de lavado relacionada con el presunto capo boricua José David Figueroa Agosto, puede representar un mensaje. Aunque lo que traducen ambos casos es la nota alta y fúnebre entonada por la criminalidad en cada confín del territorio.

Es obvio que, más que retórica y proyectos, se necesitan medidas eficaces para restablecer la seguridad ciudadana. El principal reto en ese sentido no es para la Policía,  sino para el Gobierno.

Polémica

Es posible que el veterano periodista  y corresponsal de guerra Bernard Diederich haya esperado mucho tiempo para denunciar que la novela “La fiesta del chivo”, del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, es un plagio de su libro “Mataron el chivo”. Aunque hay que aclarar que el intervalo no le resta credibilidad a su afirmación.

Tras la publicación de su novela sobre la Era de Trujillo, el laureado escritor peruano, a quien Diederich calificó de mezquino y arrogante, ha enarbolado la ficción como escudo para abrevar en la fuente de la historia, distorsionar hechos o hacer referencias sin que necesariamente se incurra en reproducciones. Como el antiguo corresponsal de guerra no tiene el mismo criterio, una polémica entre ellos en torno al contenido de ambos libros resultaría de lo más interesante e ilustrativa.

Está en que se animen.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación