Amar demasiado a veces se confunde con pasión. Con esa pasión que nos emociona, que despierta en nosotros el deseo incontrolable de estar siempre al lado de esa persona especial, de hacerlo todo por ella, de permitir, de aguantar y de anteponer sus necesidades a las nuestras. Sin embargo, con el paso del tiempo, sale a relucir que eso era todo menos amor.
Entonces, si eso no es amar demasiado ¿qué lo es? La neuropsicóloga Dalia Aguiló Quéliz explica que, desde la psicología, amar demasiado no tiene que ver con la intensidad del amor, sino con la pérdida del equilibrio interno.
“Ocurre cuando el vínculo se convierte en el eje principal de la identidad, la autoestima y la regulación emocional de la persona”, destacando que “no es amar mucho, es amar desde la carencia, desde el miedo a perder, desde la necesidad de ser validada por el otro”.
En ese sentido, cuando el amor deja de ser sano, se convierte en un problema emocional. La doctora afirma que esto sucede cuando la persona se adapta constantemente para no incomodar, justifica conductas que minimizan sus necesidades y la dañan.
“Ahí ya no hablamos de amor, sino de apego ansioso, dependencia emocional y sacrificio de la identidad propia”.
Pero ¿por qué parece afectar más a las mujeres? Al preguntarle, respondió que no se trata de una cuestión biológica, sino histórica, cultural y psicológica.
“A muchas mujeres se les ha enseñado a amar cuidando, sosteniendo, esperando y perdonando. Además, desde pequeñas se refuerza más el vínculo y la aprobación externa como fuente de valor personal”, destacó, enfatizando posteriormente que esto no significa que los hombres no puedan amar de forma dependiente, sino que en las mujeres suele normalizarse e incluso romantizarse.
Desde la experiencia clínica, la psicóloga advirtió que cuando el amor comienza a generar más angustia que bienestar, es importante prestar atención, por lo que enumeró algunas de las señales más claras de que se podría estar amando más de lo que se debería:
• Ansiedad constante por la relación.
• Miedo intenso al abandono.
• Dificultad para poner límites.
• Justificar actitudes que la lastiman.
• Sentir culpa por pedir o necesitar.
• Descuidarse emocional, física o socialmente.
“Cuando amar implica renunciar a una misma, algo no está bien”, aconsejó nueva vez.
Amar demasiado puede generar efectos psicológicos a largo plazo, como baja autoestima, ansiedad crónica —sobre todo si se intenta controlar a la pareja—, así como síntomas depresivos, somatización (malestares físicos sin causa médica clara), dificultad para tomar decisiones y, finalmente, una desconexión emocional de sí misma.
Muchas personas creen que poner límites es una señal de frialdad o desinterés, como si marcar hasta dónde algo es aceptable implicara querer menos. Pero no es así, pues establecer límites no significa amar menos; al contrario, es una muestra de autoestima y respeto, tanto hacia uno mismo como hacia la relación.
“Amar de forma sana se aprende y se entrena. Implica trabajar la autoestima, reconocer patrones aprendidos, sanar heridas vinculares previas y aprender a vincularse desde la elección, no desde la necesidad”, finalizó diciendo la psicóloga Aguiló Quéliz.

