El ministro de Educación, Carlos Amarante Baret, ha creado confusión sobre los alimentos que se sirven en los centros escolares con su advertencia a los suplidores de que tienen que mejorar la calidad de los productos. La reacción del funcionario es apropósito de las denuncias de intoxicaciones de estudiantes en varios planteles. La advertencia procede, pues las autoridades no se pueden andar con contemplaciones alrededor de un servicio tan delicado.
Sin embargo, es también necesario que se refuercen los controles para evitar más denuncias de intoxicaciones o que los escolares se predispongan contra los alimentos.
Al revelar que se ha llamado la atención a algunos se deduce que se tiene conocimiento de que muchos no llenan todos los requisitos con el suministro de alimentos. La cuantiosa inversión en el sistema educativo es para que las fallas en la alimentación y cualquier otro aspecto sean mínimas. El titular de la cartera tiene que tenerlo muy presente.

