La pandemia de coronavirus pende como una espada de Damocles sobre las personas mayores de 60 años.
Aunque puede contagiar a personas de cualquier edad; por una condición todavía inexplicable, en los niños se manifiesta con leves síntomas. Es esperanzador que casi la totalidad de los casos en Latinoamérica y África (climas más calurosos) son importados.
Estamos frente a un virus nuevo, que no sabemos con exactitud como va a terminar. Las epidemias de SARS (2003) y el MERS (2012) que son de la misma familia, aparecieron y desaparecieron naturalmente y en cortos periodos de tiempo.
A diferencia de los dos anteriores este COVID19 tiene una tasa de letalidad más baja, sin embargo, su (tasa de ataque) facilidades de transmisión son más efectivas.
Aunque no tenemos vacunas ni tratamientos efectivos, sabemos como prevenirlo. Sin embargo, solo disponemos de un corto espacio de tiempo para empezar a implementar esas medidas. Lavarse frecuentemente las manos y evitar llevarlas a la cara, renunciar a los saludos y la proximidad con otras personas.
Los mayores que tememos mayor riesgo, debemos recluirnos en nuestros hogares en una cuarentena voluntaria.
Si te contagias y tienes 60 años, las posibilidades de fallecer son de uno cada 27, con 60 años es de uno cada 7, y sube a uno cada 12, en los mayores de 80.
El promedio de días de hospitalización es de tres semanas intubados y conectados a un respirador. Personas con hipertensión, diabetes, enfermedades coronarias o fumadores tienen un mayor riesgo de que el ángel de la muerte venga por ellos.
En el país se estima hay cerca de un millón de personas (9.7%) con más de 60 años. En el escenario de que COVID19 se comporte igual a la influenza, un 30% de ellos serán contagiados, un 10% (33 mil envejecientes) necesitaran internamiento en un periodo de tiempo de 6 meses (5 mil al mes).
Desafortunadamente la capacidad y calidad de nuestros servicios de salud se verán desbordados y probablemente muchos no sobrevivirán.
Poner en práctica las medidas de prevención individual y colectiva, exigir al Estado la ampliación y fortalecimiento de los servicios de atención, identificar y aislar los contactos y disponer de un mayor número de pruebas de detección rápida, para que las personas puedan tomar decisiones informadas.

