En los últimos años la Iglesia católica se ha visto sacudida por múltiples escándalos que tocan en lo más íntimo su credibilidad. Con motivo de la celebración del Día de la Altagracia, los obispos en su carta pastoral, piden perdón a los jóvenes y a las familias afectadas por cualquier “antitesminonio” de algunos miembros de la iglesia. ¿Y qué es un antitestimonio?.
Fui al diccionario de la Real Academia y encontré la definición de testimonio (prueba, afirmación de algo, herramienta avalada por un notario), pero nada de antitestimonio. Sin embargo, cuando leí las notas de los periódicos, entendemos que están pidiendo perdón por los abusos sexuales cometidos contra niños y jóvenes en nuestro país.
Desde agosto de 2017 un sacerdote dominicano guarda prisión preventiva acusado de asesinar a un adolescente de 16 años, a quien el religioso abusaba (antitestimoniaba) desde que tenía 10 años; el exsacerdote polaco Wojciech Gil fue condenado en su país a siete años de prisión por abusar sexualmente de menores en República Dominicana.
Entre los casos más estrepitosos están: El del nuncio Jozef Wesolowski; acusado de pederasta, que salió del país, bajo la protección de las autoridades eclesiásticas. Días antes de iniciar este anhelado juicio, se suicidó o lo suicidaron en el vaticano. Otro caso, es el del Albergue infantil en la localidad de Boca de Yuma, donde varias niñas fueron violadas y torturadas. Pero de nuevo, obró la divina providencia para que los testigos principales, murieran calcinados en una cárcel de Higuey junto a otros cien prisioneros.
En la Carta del Papa a los obispos de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, el 1ro de enero, dice: La credibilidad de la Iglesia se ha visto fuertemente cuestionada por estos pecados y crímenes, pero especialmente por la voluntad de querer disimularlos y esconderlos. La actitud de encubrimiento, lejos de ayudar a resolver los conflictos, permitió que los mismos se perpetuasen e hirieran más profundamente el entramado de relaciones que hoy estamos llamados a curar y recomponer.
A nuestros obispos que adviertan que no se trata de ningún “antitestimonio” estos son delitos graves que en su mayoría se quedan impunes, amparado por el infame Concordato. Para atraer de nuevo a los feligreses especialmente jóvenes, hay que curar la herida en la credibilidad y para esto, solo basta con cooperar para llevar los pedófilos a la cárcel.

