El ají, definitivamente, se originó en Suramérica y se conocen, hasta la fecha, veintidós especies salvajes del mismo.
El ají es utilizado en toda la zona amazónica por los ascendentes de los indios taínos, así como en México y Centroamérica.
“Cuando los españoles llegaron a México, notaron que al ají se le llamaba chilli. Las evidencias más antiguas de la existencia del ají, o chile, en el Nuevo Mundo, son en el Valle Desértico de Tehuacán de México, donde se sabe que era consumido en una fecha tan antigua como siete mil años antes de Cristo. En Suramérica se han rescatado resto de ajíes en el Valle de Chicama del norte de Perú, con fecha de dos mil quinientos años antes de Cristo.
También sabemos que fueron de las primeras plantas domesticadas en el Nuevo Mundo”, señala Bernardo Vega en su ensayo sobre las frutas en la dieta precolombina en la Isla Española.
Los españoles encontraron en esta isla tres variedades de ají: dos picantes que moderadamente en la República Dominicana, se les denomina ají Caribe, pues la descripción de los indios caribes, se le aplicó a todo lo que fuese agresivo, en este caso, picante y el otro se le llama gustoso.
El ají fue ingrediente principalísimo como condimento en la dieta taína, siendo utilizado en las “sopas” preparadas con casabe, pescado y carnes. Tales “sopas” o “sopones” conservaron su nombre autóctono en Cuba, donde se les conoce como “ajiaco” haciendo así referencia a la abundancia de ají en ellos, al igual que en las Antillas de habla inglesa donde al traducirse el nombre de ají en inglés, incorrectamente, por “pepper” (es decir, la pimienta asiática) el sopón se denominó “pepper pot” es decir “caldo de ají”; en la República Dominicana, sin embargo, se le sustituyó su nombre por salcocho palabra derivada de salcochar, indicativo de un alimento cocido solo con agua y sal.
El “casuarip” que todavía consumen los indios aruacos de Guyana, refleja la misma fórmula descrita por el Padre Las Casas: “Más común que otro manjar es cocer mucha junta de la dicha pimienta (axi) con el sabor de sal y del zumo de la yuca”, registra Bernardo Vega, citando al Padre Las Casas.
La primera referencia de los cronistas al ají proviene del diario mismo del Almirante, finalizando su primer viaje.
