Lo que más me sorprendió del regreso de Aristide fue que lo acompañara el actor Danny Glover (ambos éramos asesores de Telesur), hombre con una larga tradición de lucha por las mejores causas en su país, Latinoamérica y África.
Su presencia me disturbó y me hizo preguntar si todos hemos sido víctimas de algún tipo de manipulación mediática anti-aristidiana, y si Danny sabe algo sobre Aristide que desconocemos.
Busqué mis viejos documentos, entre ellos uno de la Fundación Friederich Ebert, que se llama Los nueve meses del Gobierno de Aristide, de Arnold Antonin, del Centro Petión-Bolívar, de Haití; y Le Regime Lavalas et les violations de la Constitution, numero especial de LUnion, del 11 de noviembre de 1991, y me sentí aliviada de que sus conclusiones reafirmaran lo que tanta gente dentro y fuera de Haití me ha dicho.
En mi última visita a Puerto Príncipe, por ejemplo, me señalaron una mansión blanca que parecía un hotel, en la cima de una montaña. Es del cuñado de Aristide; la familia de su mujer es de voracidad insólita. Se han enriquecido bloqueando el acceso a los ríos, apoderándose de tierras y playas, lo nunca visto.
Empero, los principales problemas de Arístide no derivan solo de la corrupción de sus allegados, sino de su flamígero discurso anti-imperialista y sus contradictorias acciones; así como de su amoroso sacerdocio con los llamados nuevos sectores populares, formados por un 70% de jóvenes en su veintena, de Lavalas, y lo que realmente hizo su gobierno, a saber:
-Empeoró el deterioro del nivel de vida de los haitianos, al no aplicar ni por asomo un plan nacional de desarrollo.
-No logró ni un centavo de inversión, ni la creación de un nuevo empleo, por el contrario aumentó el desempleo.
-No concretizó la ayuda externa prometida (500 millones de dólares), entre otras razones por la incapacidad de su equipo técnico.
-Antagónizó al sector privado con su constante llamado a la guerra de clases, y las amenazas del lumpen proletariado de Lavalas de utilizar con ellos el caucho en el cuello, del cual hizo una apología, a su regreso de la ONU, tres días antes del golpe que lo derrocara.
-Provocó el alejamiento de la iglesia Católica, que lo llevó al poder, fundamentalmente a través de sus programas de radio, y de las iglesias protestantes.
¿Habrá cambiado? ¿Habrá aprendido algo de Nelson Mandela, el líder más amado de la humanidad y ejemplo de dirigente consciente de su rol histórico? Los sacerdotes que compartieron con él aquí en el Seminario Salesiano y conocieron su esquizofrenia, su demagogia, su resentimiento social, su incapacidad práctica o gerencial, sus dos caras, lo dudan
¿Y?, ¿querido Danny?

