Editorial

Arroz con mango

Arroz con mango

  Al Ministerio Público y a la Policía se les atribuye vertir tres  versiones  distintas en torno  al  asesinato del coronel Virgilio Casilla Minaya, perpetrado  el 21 de enero en Los Alcarrizos, lo que en vez de esclarecer, ensombrece aún más ese crimen.

Primero se dijo que un raso policial  habría pagado 300 mil pesos  a tres sicarios para que  asesinaran al oficial, que  laboraba en el Departamento de Asuntos Internos de la institución.

Luego, ese asesinato fue atribuido  a una peligrosa banda de delincuentes integrada por tres individuos que a su vez  contrataron a un taxista para  abandonar la escena del crimen.

Finalmente, las autoridades  afirman que  otro grupo de cuatro delincuentes planeaba asaltar al coronel Casilla,  sin que se aclare si fueron apresados antes o después de perpetrarse  el homicidio.

A todo esto se agrega  un alegado intento de envenenar en la prisión al taxista acusado de transportar a  quienes la Policía acusa de asesinar  al coronel Casilla y el de otro sujeto que afirma que un mayor policial le aconsejó no entregarse.

Después de la primera versión, sobre  el supuesto pago de 300 mil pesos por un alistado a  sicarios  para que ejecutaran el crimen, Policía y Ministerio Público mantienen la tesis de que  el móvil de ese asesinato fue  el robo.

A pesar de que la  versión de que el asesinato fue  resultado de un acto de delincuencia común fue  expuesta  en   rueda de prensa por el procurador general, Radhamés Jiménez Peña, y el jéfe de la Policía, mayor general José Polanco Gómez,  el caso se ha vuelto más confuso y complicado.

No resulta fácil  asimilar la idea de que dos bandas de delincuentes planeaban asesinar a un coronel de la Policía para robarle una cadena de oro y un revólver, máxime cuando ese oficial investigaba a compañeros suyos  sobre  denuncias de  extorsión   y exceso de poder.

Es posible que la última o más reciente explicación sobre  causas y circunstancias de ese  asesinato se corresponda con la verdad, pero el excesivo protagonismo de Policía y fiscales ha hecho de esa investigación un arroz con mango.

Policía y Ministerio Público  deberían alejarse del “artitismo” y centrarse  en el trabajo de investigar los casos de crímenes y delitos sin pretender acomodar los hechos ni excluir o incluir a nadie por  conveniencia o intereses.

El Nacional

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