La gloria le tocó las puertas a una indigente rusa que fue grabada por un policía en Los Angeles cantando una composición de Puccini a todo pulmón, para luego ser contratada por un productor del Grammy
Alguien discreparía de lo dicho por Gabriel García Márquez en Memoria de mis putas tristes cuando dice:” La fama es una señora gorda que no duerme con uno, pero cuando uno despierta está siempre mirándonos frente a la cama”, pero la verdad es que todo ser humano está tentado por la notoriedad.
Las calles del mundo albergan a miles de artistas de los géneros más inverosímiles jamás imaginados, y parecería que a esta gente no le anima la fama. En las principales ciudades del mundo interactúan verdaderas perseidas, que lucirían no tener espacios en el comercial mundo del arte y el espectáculo.
Graffiteros estampan auténticas obras de arte en paredes y esquinas de El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, además de que malabaristas, equilibristas y bailarines demuestran ser una argamasa de talento y empiria, en el bulevar Suyapa de Tegucigalpa. Además, el espectáculo rutilante en Vía España de Ciudad de Panamá.
Asimismo, el caletre que exhiben las personas que dibujan, pintan, hacen tatuajes y estatuas humanas en la calle El Conde de Santo Domingo es señal de aptitud. De igual manera, las paradas de los trenes de New York y París son indiscutibles centros artísticos, e igualmente, el tranvía de Ginebra donde se reafirma la alegría de la música gitana.
En Praga es común encontrarse con un violonchelista tocando virt

