Hace diez años comenzamos a observar el desinterés del público por las orquestas de merengue que se presentaban en los espectáculos multitudinarios de tarima.
El Festival del Merengue, que surgió para promover nuestra música, y de paso atraer el turismo puertorriqueño a la celebración, comenzaba a perder su esencia y sus atractivos.
Los auspiciadores se empeñaron a llevarlo a otras ciudades, pero ni aún siendo gratuito se veía un real interés del público por la constelación de agrupaciones que se presentaba en el mismo.
De seguro que muchos de los que nos siguen recordarán que dimos la voz de alerta.
Criticamos el hecho de que las orquestas iban a la tarima a hacer lo mismo de siempre.
Sin ninguna producción ni motivación ofrecían un set de baile, cuando se supone que en una tarima lo que debieron montar es un espectáculo.
Los líderes del merengue y los productores ignoraron las advertencias de que había que cambiar la fórmula y ofrecer nuevas propuestas a un público que daba evidencia de que estaba cansado de que le siguieran ofreciendo más de lo mismo.
Una serie de orquestas ya viejas, sin ningún código actualizado para conectar con la juventud, desgastándose en un escenario, lo que al final de cuentas dio al traste con esos espectáculos populares.
Aquellos aguaceros, trajeron estos lodos….
Los espectáculos de tarima con orquestas de merengue han caído en el descrédito, y han perdido tanto interés, que aún siendo gratuitos la gente no acude a verlos en una proporción valorable.
Ni gratis los quieren…
Pena y verguenza debe dar.

