Lograr un éxito musical que le proyecte a la fama constituye el ideal y la meta más preciada de cualquier artista en ciernes y de todo aquel que busca casarse con la gloria en el arte.
Se traduce ello en una inversión de tiempo, de trabajo con gran esfuerzo y que conlleva a veces una cuantiosa inversión que no se sabe si se va a recuperar.
El hecho de sonar mucho en la radio no asegura el éxito que se busca, y se demuestra en el hecho de que hay figuras establecidas que llevan años difundiendo su música, sin lograr un «hit» que les posibilite reinsertarse nuevamente en el interés y el gusto de la gente, tan imprescindible como parte del mecadeo para la necesaria vigencia artística. Practicamente todo las figuras tradicionales de nuestra música popular están viviendo de su pasado repertorio. Lo paradójico es la facilidad con que a veces algunos emergentes logran «tocar flauta» con propuestas que nadie esperaba ni entiende, por inusuales e impredecibles. Una Rita Indiana a la cual se le otorga un premio como Revelación del Año, marcando con ello un debut y despedida. Los Pepes, un tal Biberón, los Teke Teke, todos ellos como parte de nuevas expresiones populacheras que inundan el mercado, empujando y compitiendo con los valores artísticos tradicionales, a los cuales en muchos casos relegan a un segundo y tercer plano. Otra cosa no puede decirse de la incidencia que los exponentes urbanos están teniendo en los últimos tiempos en espectáculos de tarima y en los programas de televisión que se han volcado hacia esas manifestaciones populares, ocupando espacios que ya no se les dan a cantantes solistas y grupos musicales que no sean de importancia.
Tienen, empero, algo en común. Que así como aparecen, al poco tiempo desaparecen.
Alcanzan la fama con un tema musical que en la mauyoría de las veces no saben aprovechar para mantener vigencia.
Lo que todo artista desea, lo alcanzan y tienen en sus manos. Sólo que por breve tiempo, ratificando aquello de que se trata de abortos de embriones sin la consistencia necesaria para desarrollarse y crecer como verdaderos entes en el arte, por lo que su impronta suele ser pasajera en el consumismo de la inmediatez que se está viviendo hoy día.

