¿Qué Pasa?

Arte nacional

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Un detalle que nadie toca –

Cuando se habla de pérdida de popularidad y descenso de proyección del merengue se enfoca siempre la falta de relevo generacional, el agotamiento del esquema tradicional, el crecimiento de otros géneros en la preferencia del público joven, como también se alude el hecho de que la mayoría de los merengueros establecidos son todos millonarios, y ya no necesitan afanar tanto en búsqueda de fama y promoción, como en otros tiempos.
De todo eso hay.

Sin embago hay un detalle que se pasa por alto y nadie toca.
Los principales líderes del merengue han asumido la fe religiosa, y con ello han abandonado la picardía, el erotismo, y los elementos que le han conferido singularidad a nuestra música.
Y podemos señalarlo con ejemplos concretos.

Juan Luis Guerra, aferrado a la fe, que se congrega en una iglesia, está enfocado en cantar temas rosas, acaramelados, o de alabanzas.

El erotismo salvaje de «Burbuja de Amor» o «Quisiera ser un pez», aunque bachata, hace tiempo que no está en el menú de su oferta.

Ramón Orlando, que alcanzó un rotundo éxito con El Venao», ya no trilla el camino de la picardía y el canto a la infidelidad, porque su religión no se lo permite. Es el pastor…el hermano Ramón el que importa y predomina en estos tiempos, la fe, no el merengue de antes.

Y ¿dónde me dejan a Jossie Esteban el de la Patrulla 15, quien cambió el pedestal de cantar al licor a la vagancia y a los vicios, por el altar para alabar al Señor?. Y todo eso, se quiera o no admitir ¡es comercio!.

Hay que ver también la inclinación cristiana de un Fernando Villalona, y sus cantos de alabanzas, muy alejados del Tabaco y Ron de otros tiempos. Milly Quezada, una líder femenina del merengue también abraza la fe cristiana.

Y así como ellos hay otros exponentes del género que han sido arrastrados por el fervor religioso, haciendo de ellos mejores hombres, pero despojándolos de paso de elementos esenciales que dan calor y sabrosura a la música popular, en este caso al merengue.

Definitivamente, la limpieza que ha hecho el Señor ha arrastrado y se ha llevado atributos muy peculiares que le conferían identidad a nuestra música.

Amén.

El Nacional

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