En la zona de confort
La competencia siempre ha sido una practica provechosa, siempre y cuando sea enmarcada bajo reglas claras y se manifieste alejada de artimañas y del uso de recursos desleales.
Una cadena de farmacias irrumpió en el mercado ofertando un 15 por ciento de descuento en los medicamentos que expende, provocando que otras franquicias se dispusieran a hacer lo mismo, ofertando en algunos casos hasta un 20 % de descuento.
Lo propio aconteció con una cadena de supermercados que estableció un día de frutos y vegetales con un 36% de descuentos, obligando a los demás a también hacer ofertas que hasta llegan a un 40% de descuentos.
Ya con todos los supermercados ofreciendo un día de descuentos, hubo uno que dio un paso más agresivo, y estableció todos los días de descuentos en frutos y vegetales.
No transcurrieron 15 días sin que otra cadena hiciera lo mismo.
Es curioso como en el arte la gente del medio ya no compite por lograr el interés del público como sucedía en otros tiempos, en que Johnny Ventura competía con Félix del Rosario, y luego con Wilfrido Vargas.
Fernando Villalona con Los Hijos del Rey. Olga Lara con Vickiana, The New York Band con la Orquesta de Iris & Franklin, pero también con La Gran Manzana, con lo cual se generaban verdaderas corrientes de público que fanatizaban por sus artistas favoritos, así como ocurre en el beisbol con algunos equipos.
Los líderes del merengue están todos tranquilos sentados sobre su prosperidad y realización económica, lo que les impide “la búsqueda”, “el joséo” y el afán de otros tiempos.
Están cómodos, en su zona de confort, y no necesitan competir, porque en su mayoría ya viven de su repertorio, y no necesitan nada nuevo para mantenerse y subsistir.
De eso se debería hablar en los tantos cónclaves y seminarios que se hacen para analizar la crisis del merengue que concluyen siempre con teorías donde se trata de negar la realidad de los cambios que los merengueros han experimentado para llegar a la inercia.

