De macos y cacatas
Escuché decir al maestro José Antonio Molina en una entrevista que la “música clásica no se hizo para una élite”, y por tanto entiende que es para que la consuman todos y cada uno de los ciudadanos de nuestro país”.
¿Usted cree eso, estimado maestro?
Se lo creería si lo hubiera dicho en Viena o en otra nación de acendrada tradición cultural y herencia musical, donde las preferencias y el conocimiento de las artes clásicas le llega a la gente desde la educación primaria y hogareña.
Aunque talvéz tenga razón en lo que dice, porque aquí ni las élites asimilan esas expresiones, por lo que se pudiera establecer una categoría que si correspondería con ese concepto.
Sería entonces ¡la élite de las élites!
No deja, empero, de ser interesante que el maestro José Antonio Molina, como director de la Orquesta Sinfónica Nacional se haya propuesto llevar la música de los clásicos al seno del pueblo. Aunque no sería la primera vez.
Sobre todo que lo anuncia en el momento que más ha descendido el nivel de la preferencia musical en el país a consecuencia de los fenómenos del reggaeton, el dembow, y otras expresiones degradadas de la llamada música urbana.
Nunca como ahora había estado tan bajito el gusto musical en el pueblo por lo que cualquier esfuerzo que se haga es aplaudible.
Aunque para algunos no pasarían de ser simples retretas de las que se hacían en los parques los domingos.
Insistimos, nueva vez, que se trata de un problema de formación musical, que debería iniciarse en las escuelas como parte del aprendizaje, para no esperar ni pretender cambiar el gusto de aquellos que ya se han acostumbrado a las sinfonías de macos con cacatas.

