Los malos de la película
El año pasado el merengue más sonado y el de mayor popularidad fue “Dale Vieja Dale”, que levantó la carrera de Toño Rosario, hasta llevarlo a ganar el premio Soberano como Orquesta del Año.
Sin embargo Acroarte premio la orquesta de Toño, pero no así al tema, debido a que es una adaptación de una canción de Los Pugliese de Argentina, featuring Ulises Bueno.
Los reglamentos del Soberano establecen que el Merengue del Año debe ser de autoría dominicana.
Pero, este año vamos por el mismo camino.
El merengue más difundido, que se ha convertido en un fenómeno de popujaridad, es “Mi forma de ser”, con el intérprete que se identifica como Alá Jazá, con lírica del puertorriqueño Farruko.
Alá Jazá tenía muchos años tratando de insertarse en la música, desde los años en que residía en los Estados Unidos, donde llegó a formar parte del grupo Aventura, y ahora es que consigue “ver a Linda”, como se dice.
En este 2018 no hay tema más popular que “Mi forma ser” en el género tropical, pero bajo los reglamentos de El Soberano no puede ser considerado para el premio.
La situación crea una gran paradoja, la gente, el pueblo, que no se rige por reglamentos, considera que Acroarte se comporta de manera injusta cuando premia como Merengue del Año temas musicales que no les dan ni «por los tobillos”, como se dice, a los que para ellos han debido ser los ganadores, aún sean adaptados.
Y ahí vienen las críticas a la preniación, sin parar mientes en que con esta regla se quiere proteger a los compositores dominicanos, como también preservar la autenticidad y la esencia misma del merengue.
Aunque los artistas no le hacen caso a eso, si se fijan en la cantidad de salsa, bachata y de merengue que son adaptaciones de temas y ritmos foráneos.
Les interesan los premios, pero más que ello “pegar”, lograr popularidad y despegar, para poder vender, y eso lo están consiguiendo de manera más fácil con las adaptaciones, “fusilamientos”, o los llamados “covers”.
¿Y entonces, qué hacemos ante esa realidad?
Los cronistas seguiremos quedando como “los malos de la película”, definitivamente.

