Hordas salvajes
La música popular se ha degradado a niveles alarmantes.
Llegado el fin de año, no encuentra uno verdaderos temas musicales con créditos para ser premiados.
Tanto así que entidades que se dedican a exaltar y a premiar lo mejor del arte popular, como Acroarte, han tenido que transigir con la dicharachería, la idiotez, el mal gusto y la vulgaridad, que hoy día forma de la música popular, y que se promueve como «lo que le gusta y prefiere» la gente de este tiempo.
El que no está con eso, es un “desfasado”, un “quedado”, un “chapado a la antigua”, y hasta un “dinosaurio”, y le dicen que está mal, y que tiene que revisarse.
El mal gusto siempre ha existido, porque forma parte de la expresión humana. Pero antes, por lo menos, se podía compensar con obras muy valiosas.cuchar a un Fernando Villalona con una versión de El Concierto de Aranjuez.
Un Guardia del Arsenal, de Luis Díaz; un merengue bucólico como Marola, interpretado por Sergio Vargas, como también los merengues refraneros, efluvio de la sabiduría popular, de José Virgilio Peña Suazo (Subido en el Palo, Pa’ lo que Sufren, Dios me tiene a mi lo mío).
Los magistrales trabajos de grandes orquestaciones de Félix del Rosario, Ramón Orlando
El gracejo popular, con toda la esencia y la identidad de lo nuestro, en la música de Johnny Ventura y Wilfrido Vargas.
Los insuperables aportes de Juan Luis Guerra y 440.
Compositores como Rafael Solano, Manuel Jiménez , Cheo Zorrilla, Victor Víctor, Fernando Arias, Mario Díaz, Leonor Porcella.
Y así como ellos muchos otros que harían extenso el listado, pero que por igual contribuyeron al brillo y al esplendor de nuestro arte, en los gloriosos años dorados, de los cuales solo quedan recuerdos, nostalgias, que no se pueden compartir con la mayoría de la gente y la audiencia de ahora.
Hay un muro que lo impide, defendido rabiosamente por hordas salvajes.

