La Policía de Haití arrestó el viernes a nueve ganaderos dominicanos que cruzaron la frontera por Dajabón en procura de recuperar reses robadas por cuatreros haitianos. Ese fue un acto legal y legítimo de las autoridades haitianas que penosamente no se aplica en el lado dominicano.
Aunque posteriormente el grupo de dominicanos fue liberado, un oficial haitiano advirtió que en Haití no se tolera el tipo de desorden migratorio que prevalece en República Dominicana.
Ironías de la vida: aquí se permite y tolera el ingreso libre de centenares de miles de indocumentados haitianos, mientras la Policía haitiana ofrece lección de orden y ley al apresar a nueve ganaderos que pasaron al otro lado a procurar sus reses robadas.
En su país entra y sale el que quiere y a la hora que le da la gana, pero en Haití ingresa el que las autoridades entienden que debe hacerlo, dijo un policía haitiano al grupo de apresados, según relató a Listín Diario el portavoz de la Asociación de Ganaderos de Dajabón.
Lo penoso del caso es que ese gendarme tiene razón, porque en Haití no se permite la inmigración ilegal, pero aquí se tolera y se estimula, hasta el punto de convertirla en una gran industria de la ilegalidad que enrola bandas y autoridades de ambos lados de la isla.
Aquí no somos capaces siquiera de recoger centenares de niños y mujeres que bandas organizadas colocan en las vías públicas para mendigar y sacarles provecho económico.
En Haití se dan el lujo de detener y maltratar a ganaderos que intentan recuperar reses robadas por bandas de facinerosos haitianos. Así es la vida.
Duele decirlo, pero las autoridades haitianas cumplieron con su deber, de apresar al grupo de dominicanos que ingresó ilegalmente a su territorio y procesar su deportación. No hay esperanza de que alguna organización no gubernamental proteste porque esos dominicanos tampoco fueron maltratados físicamente ni introducidos violentamente dentro de una furgoneta sin ventilación.
El oficial haitiano tiene razón, de su lado hay orden y aquí desorden.
