La República Dominicana cuenta con una población mayoritariamente pobre, donde cientos de miles son excluidos totales de los medios de producción. A esos marginados se les debe dar la mano y abrirles un camino por donde puedan transitar hacia su autoabastecimiento.
Los programas sociales llenan su cometido, pero no solucionan el problema, por el contrario crean la dependencia y el paternalismo, que son dos enemigos aliados de las pésimas condiciones de vida de la población.
Los programas sociales no pueden ser detenidos, porque son la tabla de salvación de los marginados. No solo deben llegar en las navidades sino durante todo el año. Pero si se les debe estructural para que vayan donde la miseria oprime.
Es propio de los países sub-desarrollado que la miseria vaya de la mano del progreso. En el colectivo hay grupos que quedan detrás, que no tienen fuerzas para seguir adelante, y ahí entra en juego el pertinente trabajo de asistencia social.
La tarea de eliminar bolsones de miseria y reductos de atraso lleva tiempo. Además, los saltos sociales a un nivel de mejoría se dan en forma individual y no colectivo.
El gobierno tiene que mantener en firme los programas sociales evitando el paternalismo, o utilizarlos como vía de campaña partidista. La oposición podría a su vez ayudar a los pobres, y no dejarlos como un recurso propio y único de la temporada navideña.
Es necesario desterrar el paternalismo como forma de ir preparando votantes aliados para venideras elecciones. El hambre de un día se compra para que el beneficiado sea uu voto seguro en los comicios.
Son etapas que tiene que superar la política dominicana.
La miseria de un segmento importante de la población no se debe usar con la demagogia de los que dan y esperan obtener beneficios a futuro-
Además, en la República Dominicana se está viviendo la etapa de la proletarización, donde la clase media baja desciende sus niveles de vida, y solo se aferra a que el futuro será mejor.
En lo individual será posible un salto social, apoyado en el estudio, en una oportunidad, como sería un hijo pelotero, o sacarse un boleto de lotería, pero el panorama luce estancado para la gran mayoría, que reclama mejoras sustanciales de sus niveles de vida.
Debe darse una guerra abierta a la exclusión y la marginalidad. No sería como decían los marxistas-leninista, que se van a eliminar las diferencias de clase, sino de ofrecer una oportunidad a los que tienen los caminos cerrados.
Por: Manuel Hernández Villeta

