Con esa frase, Al Gore pidió a su equipo de abogados poner fin a la batalla legal derivada de los resultados en el estado de Florida, Estados Unidos, en las elecciones del 2000. Pocas horas después, el ex vicepresidente felicitó a George W. Bush, y culminó un traumático proceso de impugnaciones que hicieron tambalear la credibilidad democrática de esa potencia. En una lección que sería muy útil para el PRD de hoy, Al Gore no simplemente puso por delante el interés de su país, sino que reconoció que aun en el resultado más favorable, el trauma político era tan grave que socavaría su eventual Presidencia
El revanchismo desbordado del sector de Hipólito Mejía le ha inducido a errores que han llevado a que una meta inicialmente improbable, degenere en una virtualmente imposible. El fondo, que era alejar del partido a quienes ellos entienden les traicionaron, pudiera tener o no sus méritos, pero la pobre ejecución en las formas desvió el debate hacia la legalidad de las asambleas y la usurpación de poderes dentro del partido.
Pero es razonable imaginar que el deseo de ganar en lo legal no sea el objetivo. Eso fue descartado al desconocer la competencia del TSE y desacatar sus disposiciones. Claramente, la batalla legal ya fue dada por perdida.
Cuando el conflicto se sustrae de las vías legales establecidas y no existe interés de acuerdo entre las partes, las opciones de resolución quedan reducidas a la violencia.
Los pírricos quórum logrados en las convocatorias del sector de Mejía y del sector de Miguel Vargas indican que las altas jerarquías del PRD están divididas casi por mitad. Una resolución violenta del conflicto, indistintamente de quien la gane, pudiera provocar una exclusión significativa de dirigentes, fraccionando el partido.
A lo largo de la campaña el PRD se quejó de la concentración de poder en manos de un partido, y recurrió al tremendismo de hablar de dictadura constitucional. Es curioso que a menos de un mes de las elecciones estos se den al despropósito de reducir su de por si pírrica representatividad en el Congreso y los cabildos con un fraccionamiento interno.
Personalmente me tiene sin cuidado lo que ocurra con el PRD, sí me preocupan las manifestaciones violentas que pudieran derivar del enfrentamiento y las consecuencias para la paz del país. Entiendo Mejía y Vargas son personas razonables, y pueden comprender que van camino a un atolladero donde, aunque uno de ellos gane, no gana. Si no son capaces de desactivar los elementos violentos que les rodean y que vienen calentando gratuitamente algo que nunca debió llegar a este extremo, claramente no son merecedores de ni uno de los casi 4 millones de votos que recibieron ambos en el 2008 y 2012 y el PRD que descanse en paz.

