¡Nadie intercederá!
No, no he venido a preguntarte por Cirilo ni Metodio, ni siquiera por Ladislao o por Wojtyla. Nada deseo saber de Mieszko, viejo domador de estrellas; tampoco por Boleslao I, El Valiente, al que ves de tarde morir junto al sol. Nada me inquieta de tus pensamientos que atraviesan Lód’z, caminando desde Varsovia o nadando […]
