La realidad es que no deseaba tocar estos temas, puesto que el resto de la prensa se ha encargado de tratarlos hasta el cansancio. Pero no puedo ignorar aquello que me ha provocado incesantes ataques de risa durante ya dos semanas, y más aún, es imposible no escribir de ello.
En un año plagado de escándalos, crisis financiera, elecciones y otras tragedias, lo último que alguien pudo haber imaginado es el dramático cierre de 2008 que desde el Estado se nos ha dado.
A mi juicio, la que ha quedado peor parada ha sido la Justicia de República Dominicana. Después de 10 años mostrando marcados avances, ha tomado menos de 10 días para desacreditarla a puntos no vistos desde los tiempos anteriores a la reforma.
Primero la Suprema Corte de Justicia se destapa con una de las sentencias más absurdamente cómicas que yo haya tenido la oportunidad de leer. Si bien, en ocasiones anteriores la técnica salomónica del pleno de manejar los casos con matices políticos le había permitido salirse de debajo de la patana, tarde o temprano, en el afán de estar en gracia con todos los Poderes del Estado y la opinión pública al mismo tiempo, iba a meter la pata. Y vaya como lo hizo.
La SCJ no deseaba destapar la caja de Pandora que la declaratoria en inconstitucionalidad del contrato de la Sun Land podría provocar. Se vieron forzados a elegir: o revocan un principio jurídico creado y preservado por ellos mismos durante 10 años, o darían una base legal fuerte a un posible sometimiento del Presidente de la República de paso aniquilando la precaria estabilidad política que ha disfrutado nuestro país por 20 años.
Dudo que los magistrados que firmaron esa sentencia estuvieran jurídicamente a favor de ella. Pero eligieron entre un criterio que ellos mismos podrán volver a instaurar en breve, o la estabilidad social y política del país. Creo que la historia será más condescendiente con ellos que lo que la prensa ha sido.
Segundo, con un plumazo, el Presidente de la República indulta a la mayoría de los más importantes culpables de corrupción y fraude jamás condenados en nuestro país. Condenas que costaron tanto trabajo y esfuerzo a nuestra Justicia, parecen haberse logrado en vano.
Esto sin embargo, ha beneficiado mi salud. No he parado de reírme viendo las fotos de un acusado fumando cigarrillo en la audiencia del indulto, algo atrevido para una persona con problemas cardiovasculares, y casi me rompo una costilla de las carcajadas que me provocó leer que los médicos de Vivian Lubrano determinaron, horas después del indulto, que ya se le puede dar de alta. Tengo amigos trabajando en oficinas del Gobierno destinadas a combatir la corrupción, y creo que me odian de tanto que los llamo para burlarme de ellos.
Y ni hablemos de la recién estrenada Cámara de Cuentas, luego de que el país fue sometido a un bulto de juicio político y al drama de las cartas públicas. Los nuevos hacen exactamente lo que todos antes que ellos han hecho, la noticia aquí es que realmente haya gente indignada.
¡Ay RD! Ya me cansé de indignarme y molestarme. Por eso ahora me río.
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