Editorial

Ayudar a los santos

Ayudar a los santos

Aunque la relativa estabilidad económica no sucumbió en el 2008 ante  los devastadores efectos de una crisis financiera global, Gobierno y sector productivo no deberían abusar de la suerte y prepararse desde ahora para poder  afrontar en el 2009 un panorama de grandes adversidades.

La drástica e intempestiva baja en los precios del petróleo y de materias primas  ha evitado un desajuste de los principales indicadores económicos, como tipo de cambio, inflación, desempleo, balanza de pagos y reservas netas del Banco Central.

En el primer semestre de este año la economía estuvo a punto de explosionar  con el incremento en casi un cien por ciento  en los precios de los combustibles y granos,  baja en las exportaciones, remesas y turismo.

La campaña electoral fue otro agregado negativo para la maltrecha  economía, pues, por razones atribuidas al clientelismo, el Gobierno otorgó subsidios generalizados por miles de millones de pesos y dólares,  agravó el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos y  las arcas públicas virtualmente quedaron vacías.

Durante ese período se acentuó el desempleo con más de 20 mil despidos, sólo en el sector de  zonas francas, en tanto que la inflación superó los dos dígitos, en una irrespirable atmósfera de crisis y desaliento.

Esa árida pradera económica no llegó a incendiarse, gracias a  la drástica baja en el precio del barril de petróleo, que de  superar  los 140 dólares  se redujo a menos de los 40, al igual que las sustanciales reducciones experimentadas por los precios del trigo, soya, maíz y sorgo.

Esos factores, a los que podrían agregarse el freno impuesto por la Autoridad Monetaria y Financiera a la expansión del crédito y circulante, por vía de  las  alzas en los tipos de interés bancarios, fueron como  misa de  salud para una economía camino al despeñadero.

En el 2009, aún al amparo de la gracia divina, el Gobierno debería ayudar a los santos en la tarea de prevenir un derrumbe mayor de la economía, más aún cuando se prevé  baja en los ingresos de divisas por turismo, remesas, exportaciones e inversión.

Es menester también  que para el nuevo año, el empresariado cese la mala práctica de llorar con el buche lleno y participar más activamente en la tarea de  levantar un dique de contención ante el peligro de desbordamiento de la crisis. Aunque la suerte es una categoría a tomar en cuenta, el deseado éxito requiere de esfuerzo, trabajo, voluntad y unidad de propósitos.

El Nacional

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