Opinión

Balaguer y Santana

Balaguer y Santana

(Y-2)
Es posible que ningún otro historiador o estudioso de la historia sintiera tanto desprecio por el general Pedro Santana como el doctor Joaquín Balaguer.

En lo moral, lo político y lo militar. Dice que de la obra de Santana existe siempre algo ruin, “propio de un mercenario o propio de un ambicioso”. Y agrega: “Aún si se admitiera que negoció la anexión para salvar al país de las invasiones haitianas, queda siempre al descubierto en su conducta el pago que exige el mercader o el que recibe quien realiza una operación onerosa: un hombre de más altura hubiera desechado el título de marqués que se le ofreció por la venta y la investidura de Capitán General con que se premió su servilismo”.

El exmandatario sostenía que las célebres batallas del período de la independencia se redujeron a una serie de escaramuzas en que no hubo ni de la una ni de la otra parte ningún alarde de heroísmo guerrero. “Haití”, decía, “desgarrado unas veces por dentro, y herido de muerte en otras ocasiones por el coraje moral que sobraba a su adversario, no logró ser nunca un verdadero peligro para la libertad dominicana”.

Y en torno a Santana le señala que no concibió la independencia como no fuera frente a Haití, y que vivió de rodillas como dominicano y como gobernante, ante el Gobierno de España.

Sin embargo, al justificar la exaltación de los restos de Santana al santuario en que descansan los héroes nacionales, Balaguer reniega de su visión al señalar que con el caudillo de El Seibo, el mismo de quien dice que se había convertido en persecutor y sicario de la patria, había una deuda histórica que saldar.

En la ceremonia, el autor de “El Cristo de la libertad” consideró que había llegado para el dictador la hora de la redención, que sus restos debían encontrarse en un lugar digno como “héroe de El Número, de Cachimán y El Memiso, el paladín sin tacha y sin miedo que guerreó en las fronteras durante casi 10 años consecutivos para sostener la independencia, sin haber jamás desnudado su espada ni contra la ley ni contra las instituciones”.

Consciente de sus contradicciones y de su visible interés político en el insólito reconocimiento, Balaguer apeló a otro argumento más sensible: el religioso. “Que la justicia de Dios, más grande que la justicia de la Historia, te proteja contra la persecución de tus enemigos y te permitas al fin reposar definitivamente en este templo de la inmortalidad”, proclamó el exmandatario frente a los restos de un hombre a quien censuró no solo por los crímenes y la saña con que persiguió al patricio Juan Pablo Duarte y su familia, sino hasta por el matrimonio con Micaela Antonia Rivera de Soto, viuda de Miguel Febles, un soldado que murió en la batalla de Palo Hincado y propietaria de extensos hatos en El Seibo.

El Nacional

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