Es preciso calificar como oportunista e inmoral la postura de quienes han asumido la infeliz tarea de limpiar la imagen de Joaquín Balaguer para apañar las culpas de un presidente que, aún con asomos de juventud en su figura y en su rostro, se presenta con descaro como heredero de un caudillo con ideas políticas dieciochescas.
El abogado Marino Vinicio Castillo (viejo balaguerista) el periodista Oscar López Reyes y el escritor Jimmy Sierra, integran el coro de quienes pregonan que el periodista, profesor y abogado Narciso González, Narcisazo, se escondió en algún lugar y se suicidó. ¡Buscan absolución para Balaguer y para los asesinos a su servicio!
El secuestro en un vehículo del Banco Central, y el recorrido por prisiones de varios organismos de inteligencia, son hechos que ellos dan por no ciertos. ¡Los militares balagueristas y las figuras parapoliciales que se mantuvieron a su servicio, según estos corifeos, nada saben de Narciso González! ¡Caramba!
Vincho Castillo lo planteó poco después del 26 de mayo de 1994. Sierra y López Reyes lo plantean ahora, en nombre del compromiso con Leonel Fernández y con otros políticos de la misma camada.
Cuando al inicio de su primer ejercicio de gobierno, Leonel Fernández prometió contribuir a esclarecer el caso de Narcisazo, su intención real era extender el manto de la impunidad a sus asesinos, y cuenta ahora con la colaboración de más de uno de sus allegados… Es preciso destacarlo en el 104 aniversario del nacimiento de Joaquín Balaguer.
El balaguerismo oportunista tiene nuevas expresiones ahora, cuando los corruptos del rancio balaguerismo no sólo financian campañas y apadrinan proyectos politiqueros, también contribuyen a lavar fortunas.
En ese contexto, causa indignación, pero no extrañeza, que los herederos de sangre (hijos, nietos y sobrinos) de Rafael Leonidas Trujillo, el rey de la corte en la que Joaquín Balaguer aprendió a mandar y a obedecer, anden alquilando voluntades para sepultar en el olvido las deudas de sangre de su antepasado.
El balaguerismo fue un ejercicio oportunista en vida del caudillo, cuyas ideas políticas (era entreguista, partidario de la fuerza y de la coerción de clase y legitimador de la desigualdad social) a nadie convencieron. A partir de 1966, fue una vía de acceso al dinero fácil y una licencia para ejercer el abuso. En la década de 1980 (evidenciada la corrupción del PRD), Balaguer se convierte en jefe del sistema político, y encamina al Palacio a Leonel Fernández y luego a Hipólito Mejía.
Por eso, a su muerte, Balaguer fue homenajeado por parientes de sus mártires que aspiraban a inscribirse entre los presidenciables. (Guido Gómez y Jaime David Fernández, por ejemplo)… Quienes hoy pretenden limpiar su memoria, fingen no ver las manchas de sangre…

