Así como la literatura es la sintaxis para Julio Cortázar, para Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, la Política es el baluarte de hombres honrados que deben manejar la rigurosidad de la verdad.
El pueblo, como fuente primaria de la soberanía, requiere que siempre se le diga la verdad. ¿Y cuál es la verdad? Pues que todos los sectores de la vida nacional saben perfectamente que las secuelas que dejará la Covid 19, serán de tal magnitud: en lo económico, político, social y psicológico, que ningún partido por si solo, estará en condición de dar respuestas positivas a la sociedad dominicana.
Todos apuestan a ganar tiempo, pero es »una partida de ajedrez contra la muerte», como aquella que simbolizó Ingman Bergman, en su obra maestra del cine »El Séptimo Sello». La derrota es inminente, no hay forma de darle jaque mate a la muerte.
Por lo tanto, cualquiera de los candidatos que resultase electo presidente el 5 de julio o el 26 en caso de que se requiera una segunda vuelta, solamente podría gobernar con éxito, si se formaliza un acuerdo entre todas fuerzas políticas y sociales: la sociedad civil, las iglesias, el empresariado, los medios de comunicación, el Comité Olímpico Dominicano y todos los clubes deportivos y culturales que representan sus comunidades, teniendo como modelo al Club Mauricio Báez, por el respeto que ha sabido ganarse en todos los sectores nacionales.
Estamos sobre un barril de pólvora. La República Dominicana tiene problemas estructurales que no se resuelven con una victoria electoral.
El primer presidente de los Estados Unidos, George Washington, en su discurso de despedida de 1796, declinó un tercer mandato. Dijo: »La prudencia me invita a retirarme de la escena política», pero advirtió el peligro de los partidos políticos, considerándolos perturbadores para la buena marcha de la nación.
Al parecer, igual suerte corremos los dominicanos, con una clase política que ha sido incapaz de comunicarse.
El momento se hace más que preciso para recordar la teoría del pacto social que sustentó Jean Jacques Rousseau, donde estableció claramente, que la soberanía emana de la voluntad popular, o »voluntad general», para decirlo con sus propias palabras.
Es verdad que ya no seremos los mismos, pero no solamente por la Covid 19, sino porque los jóvenes de la plaza de la bandera estarán ahí para exigir que se cumpla ese pacto y otras cosas más.
Pienso y esa ha sido mi modesta propuesta, de que antes de emitir el primer voto el 5 de julio, debe producirse un gran acuerdo por la gobernabilidad entre todos los partidos y los sectores sensatos del país, de lo contrario, quien gane las elecciones: Leonel, Gonzalo o Luís, habrá comprado un boleto para »danzar con la muerte».
Ya Thomas Hobbes lo advirtió en su famoso »Leviatán’ de 1651 »El derecho a la vida, es la única justificación a la rebeldía del individuo frente al Estado».
Es un llamado claro a la violencia, cuando el gobierno viola el contrato de gobernar a favor de sus ciudadanos. Eso es lo que debemos evitar: el caos, la violencia y una crisis política sin precedentes en nuestra República Dominicana.
POR: Ramón Rodríguez
centrodeidiomaswashington@gmail.com]

