El objetivo de una encuesta es conocer la opinión de la población acerca de un tema determinado. La información recabada será más o menos exacta en la medida no solo de que su marco muestral se corresponda con el censo de la población o el padrón electoral, sino también de que el método empleado sea objetivo.
Siete días antes de que se diesen a conocer los resultados de la más reciente encuesta Penn&Schoen, el señor Bernardo Vega publicó en el periódico Hoy un artículo titulado Danilo Medina arriba, en la que descartaba la posibilidad de que Hipólito Mejía pudiese ganar las elecciones del domingo 20. Pero, ¿de quién estamos hablando? Eso depende del ángulo que enfoquemos la respuesta, pero interesa traer del olvido que Vega definió al exmandatario como una persona con un serio problema de personalidad porque no podía conversar más de dos minutos, tanto en privado como en público, sin usar fuertes interjecciones acompañadas de explícitos contenidos y expresiones machistas.
Más todavía; el 18 de abril Vega se despachó con esta joya: El PRD es casi seguro que hubiese ganado las elecciones si hubiese tenido como candidato a un elemento sin un mal historial y sin sufrir de incontinencia verbal. Y no mucho antes, en una entrevista para El Caribe, había considerado como una pena que el PRD no postulase un mejor candidato. Pues este hombre es nada menos que el representante en el país de la Penn&Schoen, firma que en anteriores mediciones llegó al extremo de incluir preguntas vejatorias sobre Mejía para condicionar las respuestas de los encuestados. Hechas estas aclaraciones, la interrogante que surge como brasa encendida es si una persona que se gasta el lujo de emitir públicamente críticas de corte personal sobre un candidato, goza del equilibrio necesario para realizar un análisis estadístico veraz y confiable.

