Ante el devastador terremoto del martes en Haití, República Dominicana ofrece al mundo su auténtico perfil de nación de gente solidaria, con acendrada vocación humanitaria, que no vacila en compartir el pan con el vecino, sin violentar la máxima de que una mano no debe enterarse de la bondad que dispensa la otra.
Sensibles al dolor ajeno, los dominicanos de todas las capas sociales procuran ayudar en lo que sea posible al hermano pueblo haitiano en su hora de desgracia, en tanto que el Gobierno ha ofrecido a la República misma para que sirva de puente a la asistencia que el mundo se dispone brindar.
El presidente Leonel Fernández se convirtió ayer en el primer jefe de Estado que visita Haití después del terremoto y acordó con su colega René Preval aplicar un programa de respuesta inmediata que ayude a mitigar los daños causados por el sismo. La Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE) y el Instituto de las Telecomunicaciones (Indotel) ayudarán a restablecer energía eléctrica y comunicaciones en Puerto Príncipe.
Con una coordinación digna de imitarse, centenares de instituciones no gubernamentales y consorcios empresariales se movilizan para recolectar medicinas, alimentos, frazadas y otros artículos que son enviados en una ruta terrestre y aérea hacia el teatro de la tragedia.
Decenas de médicos especialistas, enfermeras, bioanalistas prestan asistencia a sobrevivientes en acción coordinada entre Salud Pública y Colegio Médico, que han sabido postergar sus diferencias ante el deber de socorrer a ese sufrido pueblo.
Tan diligente y ordenada ha sido la respuesta del Gobierno ante la desgracia de Haití, como espontánea y masiva ha sido la dispensada por la sociedad toda, que ha ofrecido al mundo una lección de solidaridad, sensibilidad, humanismo, desprendimiento y profundo amor hacia el prójimo.
Como se había previsto, República Dominicana se convierte en la gran plataforma receptora de la ayuda internacional dirigida hacia Haití, al punto que el presidente Barack Obama ha solicitado que el territorio nacional sirva de puente para la asistencia que enviará Estados Unidos, como también lo han pedido España y la Unión Europea.
Por su comportamiento solidario -lo que no debería extrañar a propios ni extraños- los dominicanos se han ganado el derecho de que nunca más un sector de la comunidad internacional los tilde de xenófobos, racistas, esclavistas o explotadores. Es un orgullo llevar el gentilicio nacional.

