Opinión

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Los embajadores de Estados Unidos, Robin Bernstein, y de China Popular Zhang Run, arribaron a Santo Domingo, literalmente, uno detrás del otro, rodeados de las más amplias expectativas que sobre sus respectivas misiones tienen Gobierno y pueblo dominicanos.

Se define como un acontecimiento singular que los nuevos enviados de las dos principales potencias económicas del mundo inicien mandato diplomático en circunstancias de virtual enfrentamiento entre Washington y Beijing por el control de influencia en América Latina.

Ambos diplomáticos han expresado por separado su complacencia por el nombramiento de embajador en República Dominicana conferido por sus respectivos mandatarios y han prometido trabajar para fortalecer los nexos con sus países.

La embajadora Bernstein recibió del Senado estadounidense la encomienda de trabajar en favor de los derechos humanos de inmigrantes haitianos, aunque posteriormente dijo que su gestión estaría encaminada a impulsar el desarrollo de este país.

El enviado chino es un veterano diplomático que conoce muy bien la región latinoamericana, quien tan pronto arribó a Santo Domingo publicó un artículo en el que derrama elogios sobre República Dominicana y su economía.

La apertura de relaciones diplomáticas con Beijing, precedida del rompimiento de nexos con Taiwán, irritó al Departamento de Estado, al grado que el encargado de Negocios de la embajada de Estados Unidos formuló duras críticas contra esa decisión, mientras bajaba las escalinatas del Palacio Nacional.

Las autoridades dominicanas creen que con China aumentarán las inversiones, transferencias tecnológicas y el turismo, pero es aconsejable no dejar camino por vereda y poner mucha atención y cuidado al escritorio estadounidense en la Cancillería.

Al recibir con los brazos abiertos a los embajadores Robin Bernstein y Zhang Run, preciso es advertirles que sería un grave error que por alguna razón lleguen a confundir sus trascendentes misiones con las de procónsules, porque aquí se tiene mucho respeto por sus naciones y gobiernos, que obviamente se aspira a merecer.

El Nacional

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