Don Antonio Guzmán hizo el mejor gobierno que registre la historia dominicana. Hombre de cultura limitada y al que había que elaborarle los discursos, pero con la voluntad de solucionar los problemas del país, que eran, sobre todo, políticos e institucionales. Para tales fines, destituyó a los generales matones de los doce años.
Muchos piensan, de forma equivocada, que para ser presidente se requiere altos niveles de conocimientos. Los conocimientos siempre son importantes, pero si no hay sensibilidad social, honestidad y voluntad de solución de los problemas que aquejan a la mayoría, de nada sirve tener buena cultura.
El doctor Fernández es uno de los presidentes más cultos que ha tenido el país, pero posiblemente también haya encabezado la administración que registre más actos dolosos. Y no ha tenido la menor voluntad en dar respuestas eficaces a problemas tan prioritarios como el de la energía eléctrica, la pobreza, educación, salud y seguridad ciudadana. Que me diga alguien: ¿qué ha resuelto Leonel?
No atiende a los temas mencionados, porque carece de sensibilidad social, los dineros del erario los destina a grandes obras (carentes de transparencia) y evade darle el frente al problema del narcotráfico y a los causantes de la criminalidad. El presidente sabe bien de donde viene la delincuencia, ¿y qué hace? Se va al exterior a dictar conferencias magistrales, su gran pasión.
Su obsesión crece cada día por ofertarse como intelectual de dimensión internacional. Mientras descuida los asuntos locales, procura jugar roles protagónicos en los temas de la agenda del mundo de hoy.
Da la sensación de que se considera muy por encima de los dominicanos. Es el único presidente, en toda la historia de la sociedad dominicana, que el ciudadano común no entiende sus alocuciones. Nunca se dirige a una infeliz anciana del campo, por ejemplo, cuando habla de la brecha digital.
