Verdades y mentiras de las profecías mayas: en otras partes estas mismas profecías del fin mundo son atribuidas, no a los mayas, sino a los egipcios, a los persas, a los babilonios, polinesios, y hasta los ancestros del antiguo pueblo nórdico. De modo que las profecías mayas sólo son la adaptación de una falacia universal que se ha extendido por los 4 puntos cardinales.
La causa es simple: para que un suceso funcione en una región específica del planeta, es mejor si se adapta a los convencionalismos del lugar al que se desea impactar, en este caso, los mayas. De esta forma, su aceptación será más fácil.
Si le dijeran a los latinoamericanos que un chamán pigmeo del centro de África es el autor de las profecías, diríamos: ¿Qué demonios sabe de Astronomía un aborigen de la jungla africana? Y lo mismo dirían los africanos de los mayas, y los suecos de los polinesios y los actuales egipcios de los africanos y así sucesivamente.
Los arqueólogos aseguran que las 7 profecías mayas ni siquiera fueron pronunciadas así por ellos. Más bien son interpretación libérrima del colombiano Fernando Malkun, en una serie de libros que se vienen mercadeando desde los años sesenta. En un viaje a Chichón Itzá, México, entró en contacto con hechiceros mayas, herederos vivos de esa cultura. Pero en honor a la verdad, los mayas nunca hablaron del rayo sincronizador proveniente del centro de nuestra galaxia del que habla Malkun.
Como los mayas desconocían la redondez de la Tierra, es absurdo que hablaran del derretimiento del hielo polar, como sentencia la cuarta profecía. Está probado que los mayas creían en un mundo plano, de modo que para ellos los polos no tenían sentido, ni mucho menos que estuvieran congelados. Si usted se lee el Chilam Balam de Chumayel, escritos por los sobrevivientes de la conquista española, entre los siglos XVI y XVII, notará la influencia europea de su visión del mundo, en momentos que su cultura era destruida y sus descendientes reducidos a esclavos.
Una reciente encuesta con 5 mil personas de todas las nacionalidades, arrojó estos resultados: el 5% de la gente considera inocuas las profecías, un 7% las declaró como una payasada, mientras que casi el 100% de la comunidad astronómica y arqueológica del planeta las juzgan simplemente divertidas de leer. O sea, no les haga mucho caso, porque se trataría de eso que llaman información chatarra. Si bien esto suena muy fuerte, quizás sea lo más próximo a la verdad.
Síntesis: el Chilam Balam habla de un cambio de ciclo en el mundo, pero no del fin del mundo como tal, cual si fuera una réplica indígena del libro del Apocalipsis. Mexicano al fin, un servidor conoce el Chilam Balam desde su infancia, y hoy está fácilmente a la mano en Internet. Continuaremos.

