Opinión

Breve que te quiero breve

<P>Breve que te quiero breve</P>

Milpiés y ciempiés: son una clase de miriápodos  conocidos comúnmente con esos dos nombres, aunque el número máximo de patas no supera las 750, y la mayoría tiene menos de 200, algunos 150, 120 o 110. Aun así, ningún otro animal posee tantas. El récord lo ostenta la especie Illacme plenipes,  de California, con 375 pares de patas. Se conocen más de 12.000 especies y se descubren de 2 a 5 cada año, siendo uno de los grupos más diversos de organismos terrestres, algunas de las cuales son verdaderos gigantes.

A diferencia de los ciempiés, carecen de aparato inoculador de veneno, en cambio segregan sustancias químicas pestilentes e irritantes cuando son molestados, que pueden producir erupciones en la piel humana; ello puede ir acompañado de actitudes defensivas, tales como enroscarse en forma de bola o espiral. No pican, pero las más peligrosas liberan pequeñas cantidades de cianuro que pueden matar a un humano.

Muchas personas disfrutan manipulándolos, en tal caso son filorópados, esto es, amigos de los miriápodos, pero la abrumadora mayoría sufren la fobia de verlos caminar o avanzando por el suelo, o sea, miriáfobos. Los mil y ciempiés no son insectos ni pertenecen a la familia de las arañas, son otra casta de bichos que abominamos terriblemente los humanos. ¿Sus contribuciones a la Madre Naturaleza? Son de los principales renovadores de la oxigenación de los suelos, razón de sus abundantes miembros.

 Ahora bien, quien le puso el nombre de milpiés fue un exagerado, a sabiendas que nadie se detendría a contarles, una a una, todas sus patitas. Al ver caminar a uno de estos fascinantes animales, da la impresión que poseen mil patas, pero si viera a uno con 198 paticas y otro con 255 sería muy cuesta arriba, muy incómodo designar a cada uno con el kilométrico nombre de Cientonoventayochopiés y doscientoscincuentaycincopiés. La solución es ponerles a todos un nombre genérico.

Una alternativa sería llamarlos Cuchimiles, en alusión al montón de patitas que poseen. Es lo que se puede hacer, en un animal que la ciencia ya ha proclamado que resulta absolutamente imposible determinar si es derecho, zurdo o ambidiestro. Ríase, ¿qué le cuesta?

El Nacional

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