La criminalidad ha vuelto a enseñar sus peores garras con los asesinatos en los últimos días de dos jóvenes muertos a tiros y garrotazos, cuyos cadáveres fueron incinerados en San Cristóbal; tres miembros de la Policía ultimados en Haina, Los Alcarrizos y El Seibo; una señora asesinada por ladrones que penetraron en su residencia, en Los Frailes, y otras dos personas acribilladas a balazos en San Francisco de Macorís.
Vecinos de la comunidad Quita Sueño escucharon los gritos de los jóvenes al momento que eran apaleados por desconocidos que los remataron a balazos y después pegaron fuego a sus cuerpos, en el interior de una fábrica de baños y jacuzzi.
En esta crónica de terror se resaltan los asesinatos a balazos de otros dos jóvenes a manos de desconocidos, en el sector Hermanas Mirabal, de San Francisco de Macorís; de un teniente policial, abatido por delincuentes en una gasolinera de Haina, y un sargento a quien le dispararon a quemarropa, en la calle Duarte de Los Alcarrizos, para despojarlo de su arma.
¿Qué decir de la infeliz mujer asesinada a tiros por forajidos que penetraron en su hogar y dejaron por muerto a su hijo?
El síndrome de violencia y delincuencia cobra matices inusuales, como el caso de un cabo de la Policía, muerto a tiros por una patrulla de la institución, porque alegadamente trataba de impedir el arresto de un civil en un colmado del batey Los Prados, en El Seibo.
Los asesinatos en pocos días de siete personas, en acciones vinculadas con la delincuencia, constituyen un dramático indicativo de que el crimen rebrota con mayor ímpetu, por lo que urge el reagrupamiento de las diversas instituciones a cargo de prevenir, perseguir y castigar toda forma de criminalidad.
Es intolerable, por ejemplo que se permita que rufianes ingresen por la fuerza a un hogar con la intención de robar y asesinen a balazos a una indefensa mujer y hieran de gravedad a su hijo. Es lógico prever que las autoridades tendrían un encuentro no agradable con esos criminales.
Ante tan desgarrador cuadro de auge de la delincuencia y la criminalidad, se impone un rápido desalojo de las bandas de delincuentes que roban, atracan, violan y asesinan. Policía y delincuentes son como cangrejos, que no pueden coexistir en la misma cueva.

