Editorial

¡Buen viaje!

¡Buen viaje!

A partir de hoy se inicia el éxodo mayor con motivo de Semana Santa de vacacionistas hacia playas, ríos y montañas, escoltados por una corte de más de 40 mil brigadistas que en todas partes velarán para que no se produzcan accidentes de ningún tipo, aunque la ocurrencia o no de tragedias dependerá del comportamiento de la gente.

Son más los que pernoctarán en los grandes centros urbanos, unos a disfrutar en  manantiales de sosiego y meditación que brotarán de la  temporal ausencia de las masas, y otros imposibilitados de movilizarse a causa de la crisis económica, que como rayos de  sol ardiente, cercena el costado de las mayorías.

La Iglesia Católica considera que en estos tiempos la gente asume Semana Santa de manera más consciente, con más fervor cristiano, sin deformaciones, cuestión que se atribuye a temores y angustias que asolan al mundo de hoy, aunque difícil será que en estos días el templo atraiga más almas que el jolgorio.

En adición a la clásica exhortación a la prudencia, las autoridades han prometido aplicar la ley contra todo aquel que incurra en temeridad en las carreteras o que actúe como antisocial en los lugares de confluencia masiva, por lo que todo correcaminos debe darse por enterado de que al menor movimiento en vía contraria a las buenas costumbres irá a parar con su anatomía a la cárcel.

La población está compelida en tan especial período de fe y devoción cristiana, a sumergirse en  profunda reflexión y clamar al Altísimo para que guíe a gobernantes y gobernados  a rebasar la terrible  tormenta económica que asola  al mundo de hoy, por  la consolidación de la familia, la prevalencia de valores éticos y morales que permita forjar la anhelada sociedad de justicia y equidad.

Semana Santa puede ser también tiempo propicio para que, quien ostente y detente poder, purgue por medio de oración y penitencia, pecados mayores, como la lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia, para que se libren del destierro hacia el infierno del Dante.

Se admite y se promueve el derecho del ciudadano al ocio, pero se previene contra los extremos  que generalmente  conducen a la desgracia para quien incurre en desafuero.

Los miles de vacacionistas que inician éxodo hacia toda la geografía nacional no deberían olvidar en sus mochilas la promesa de guardar tiempo para la reflexión, respetar  derechos ajenos y, sobre todo, ejercer plenamente la solidaridad. ¡Buen viaje!

El Nacional

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