El Banco Nacional de la Vivienda (BNV) parece que tiene tanta prisa en iniciar cuanto antes el Complejo deportivo y cultural Juan Marichal, que ha obviado despejar múltiples cabos sueltos que cuestionan el controversial megaproyecto. Su administrador, arquitecto Joaquín Gerónimo, presentó maqueta y presupuesto pero dejó en el aire un cúmulo de interrogantes sobre la procedencia de los recursos y la inversión del Estado.
Que la megaobra eche por el suelo la cumbre de las fuerzas vivas patrocinada por el presidente Leonel Fernández no es lo que viene al caso. Como respuesta a los efectos de la crisis financiera internacional se consensuó en el encuentro que el Gobierno no emprendería proyectos como la remodelación del estadio Quisqueya.
Lo que está en juego es la transparencia, un mecanismo que no tiene en la rapidez con que se ha anunciado la obra a uno de sus mejores aliados. De acuerdo con Gerónimo los trabajos del complejo que se levantará a un costo de 115 millones de dólares se iniciarán el mes entrante. ¿Por qué tiene que ser así cuando el mismo funcionario reconoce que aún no se han completado los trámites legales?
Al decir que algunas obras serán licitadas el funcionario deja en claro que el Gobierno cargará con el resto. Llama la atención, sin embargo, que desde ya se cuente con una firma privada, no se sabe bajo cuáles condiciones, para trabajar en una construcción que los cabos sueltos la tornan suspicaz. Lo ideal hubiera sido que el proyecto se sometiera a debate, a fin de que la opinión pública se edificara sobre el ambicioso complejo deportivo y cultural. Pero al decidirse por imponerlo, lo legal no ha debido estar sujeto a dudas. El Congreso ni siquiera ha sancionado la operación a través de la cual Bienes Nacionales cederá los terrenos para la obra al BNV.
Se sabe, eso sí, que la remodelación del Quisqueya costará 14.5 millones de dólares; un casino, 15; seis torres de apartamentos, 26; los edificios de oficinas, 22; el parqueo general, 23.5, y el museo del deporte, cinco. Y también que de la venta de las unidades habitacionales y comerciales se utilizarán recursos para la construcción de otras obras. El asunto amerita de más claridad.
Al hablar de los beneficios la belleza del entorno no está en discusión. Pero resulta hasta bufonada que se cite la remodelación del estadio Quisqueya y el museo de béisbol como atractivos para el turismo. ¿Cuál turismo? Porque los europeos son apasionados con el fútbol y los estadounidenses y canadienses cuentan con espacios que son maravillas de la ingeniería.
El complejo de por sí es cuestionado, pero que se erija sin cumplir los trámites legales y la información adecuada, siquiera por respeto al contribuyente, lo torna más cuestionado todavía. Que conste.

