El país padece una grave crisis. De todas las instituciones, de todos los servicios básicos, de la seguridad ciudadana, del derecho a la vida humana y su entorno natural.
De valores ético-morales en la gestión de Estado. Del derecho a la justicia.
Las instituciones estatales han sido degradadas por la corrupción y la manipulación. Asaltadas por la partidocracia, las mafias y el capitalismo voraz.
Aquí existe un narcoestado neoliberal, con una seudo-democracia restringida pervertida.
La clase dominante, usando como instrumentos al PLD y al PRD -ambos secuestrados por dirigentes corrompidos- ha instalado una dictadura institucionalizada; ahora con predominio del PLD y de Leonel Fernández, quien controlando todos los poderes del Estado, procura continuar en la Presidencia.
Así las cosas, con un sistema político-electoral que favorece la bipolaridad en sentido general y el continuismo en términos relativos, las elecciones del 2012 -si previamente no se altera ese control y esa tutela perniciosa- están llamadas a reproducir lo mismo: con reelección de Leonel o sin ella, con gobierno del PLD o del PRD, ambos de igual calaña.
Además está demostrado que las luchas reivindicativas dentro de este orden institucional, son bloqueadas por sus poderes; lo que refuerza la necesidad de politizarlas, apuntando contra ellos y a favor de su resquebrajamiento.
La prioridad actual es desplegar la democracia de calle, la movilización en grande, la creación de contrapoder y la siembra de la conciencia sobre de la necesidad de la revocación o destitución de los funcionarios (electos y no electos), repudiados por el pueblo y sostenidos por el clientelismo y el soborno.
Hay que ir más allá de la lucha reivindicativa y de la electoral, sin excluir esos métodos y sus escenarios.
El acierto no es contemporizar con estas instituciones, hacerse potable, buscar cuotas en ellas, escoger candidaturas media-tintas y pactar con sectores de la partidocracia dominante.
Eso solo ha conducido a cierta izquierda (tipo Miuca-Unidad para el Cambio) a un atolladero como en el que se ha metido con el sociolismo privatizador del Alcalde de Santiago y las malas herencias de su alianza con el PRD y Miguel Vargas Maldonado.
Se necesita una izquierda distinta, una izquierda política, social y cultural realmente transformadora. No oportunista, ni cuotista, ni posibilista. Como la que crece al calor de las nuevas luchas y de la creación heroica e innovadora.

