Solo en este país, quizás por su poco desarrollo político, se ponen de manifiesto comportamientos y situaciones que llenan de vergüenza e indignación a todo aquel ciudadano que aspire a la construcción de una sociedad dominicana mejor.
No sé cuándo aquí la clase política dirigencial va a entender y desterrar de una vez y por todas del debate político nacional el recurso despreciable de la campaña sucia y otros elementos nocivos que en nada aportan a la transformación del discurso político.
Escuchar al ex presidente de la República y aspirante a la precandidatura presidencial por el Partido Revolucionario Moderno, Hipólito Mejía, confirmar de manera pública un encuentro con el exconvicto Quirino Ernesto Paulino Castillo es para alarmarse.
Repito, al ver al expresidente Mejía confirmar a través de un importante medio de comunicación de este país, como si él fuera vocero, las informaciones sentí vergüenza ajena por sus hijos y nietos.
Pero peor aún, traer al debate nacional nuevamente imputaciones e informaciones rastreras e insustanciales y suficientemente debatidas, de un delincuente, es una muestra del nivel de degradación en que se encuentra afectada la colectividad política dominicana.
El debate político no puede estar conduciéndose de esa manera, las intrigas, los chismes, las infamias, no pueden seguir constituyendo argumentos válidos para ser utilizados en una competencia por el poder.
Esos métodos rastreros hay que sacarlos del debate, vengan de donde vengan, hágalo quien lo haga, no importa quien se beneficie u obtenga ganancias politiqueras.
Hoy es contra el expresidente Fernández, pero si no se detiene esto, mañana será el actual presidente de la República, Danilo Medina y eso no debe ni puede ser.

