Al margen de la inversión para enfrentar el drama de los desagües en la ciudad, el problema, como se advierte cada vez que llueve, representa un desafío impostergable.
El mal, que contrasta con el desarrollo urbanístico de Santo Domingo, no admite más que solución. Por más propio que sea de la lucha por el poder es un desatino que se trate de utilizar el drama de las inundaciones para estigmatizar al Gobierno.
Sobre todo sabiéndose que la falta de drenaje es un problema estructural que viene de lejos.
El presidente Luis Abinader, al tiempo de integrarse a las labores del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), salió al paso de las críticas al defender las inversiones del Gobierno frente al desafío de las cañadas.
Pero además el director del COE explicó que no hay suelo que absorba 400 mililitros de agua ni alcantarillado que pueda conducirla.

