Editorial

Canasta incompleta

Canasta incompleta

El freno al deterioro moral e institucional de los organismos  del Estado y de las estructuras políticas que le sirven de soporte, por el que clama hoy un grupo de  asociaciones empresariales y sociales, tendría mayor eco si  se incluye en ese  catálogo de la corrupción a actores del sector privado que incurren en prácticas contrarias a la   ley y a la ética.

Se aplaude la iniciativa asumida por las entidades encabezadas por  las asociaciones de Industriales de Herrera y de Jóvenes Empresarios, pero es menester  evitar que  a ojos y buen juicio de la ciudadanía se interprete esa acción como una acometida que pudiera estar sesgada por  intereses corporativos.

El dilatado deterioro “moral e institucional” en el ámbito oficial ha estado vinculado a prácticas  empresariales desleales o que colisionan con la ley penal, tales como  evasión de impuestos, contrabando, monopolio y oligopolio.

Aunque con mayor notoriedad en el Estado e instituciones políticas, la degradación ética afecta a casi todo el tejido social, aunque  “valga decir que consuelo de muchos es consuelo de tontos”.

Tienen razón las  entidades que expresan  quejas porque la sociedad no les ha impuesto censura a los actos de corrupción en gobiernos sucesivos, pero hay que añadir que tampoco ha lanzado piedra contra la amoralidad que  supura desde  el ámbito privado.

En  el mundo de hoy, agobiado por la más terrible crisis económica y ética,  la corrupción  ha de combatirse  en forma integral, más aun  porque el crack financiero  que abate a la humanidad ha sido causado  por un tipo de organización social que el Papa Juan Pablo II definió como “capitalismo salvaje”.

La sociedad está compelida a  atender el clamor de  las asociaciones empresariales y sociales que hoy claman por freno y censura a la corrupción en el ámbito público, pero está en deber también de que se  emprenda  la misma cruzada contra ese tipo de inconducta que  pueda aflorar  en la empresa o en el púlpito.

Cuando se hable de corrupción es menester  referirse al Estado, al empresariado y  a la sociedad toda.

El Nacional

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