Semana

Canto a la Patria Salomé, Mir, Cabral

Canto a la Patria Salomé, Mir, Cabral

Salomé Ureña de Henríquez

Poema a la Patria

Desgarra, Patria mía, el manto que vilmente,

sobre tus hombros puso la bárbara crueldad;

levanta ya del polvo la ensangrentada frente,

y entona el himno santo de unión y libertad.

 

Levántate a ceñirte la púrpura de gloria

¡oh tú, la predilecta del mundo de Colón!

Tu rango soberano dispútale a la historia,

demándale a la fama tu lauro y tu blasón.

 

Y pídele a tus hijos, llamados a unión santa,

te labren de virtudes grandioso pedestal,

do afirmes para siempre la poderosa planta,

mostrando a las naciones tu título inmortal.

 

Y deja, Patria amada, que en el sonoro viento

se mezclen a los tuyos mis himnos de placer;

permite que celebre tu dicha y tu contento,

cual lamenté contigo tu acerbo padecer.

 

Yo ví a tus propios hijos uncirte al férreo yugo,

haciéndote instrumento de su venganza cruel;

por cetro te pusieron el hacha del verdugo,

y fúnebres cipreses formaron tu dosel.

 

Y luego los miraste proscritos, errabundos,

por playas extranjeras llorosos divagar;

y tristes y abatidos los ojos moribundos

te vi volver al cielo cansados de llorar.

 

Tú sabes cuántas veces con tu dolor aciago

lloré tu desventura, lloré tu destrucción,

así cual de sus muros la ruina y el estrago

lloraron otro tiempo las hijas de Sión.

 

Y sabes que, cual ellas, colgué de tus palmares

el arpa con que quise tus hechos discantar,

porque al mirar sin tregua correr tu sangre a mares

no pude ni un acorde sonido preludiar.

 

Mas hoy que ya parece renaces a otra vida,

con santo regocijo descuelgo mi laúd,

para decir al mundo, si te juzgó vencida,

que, fénix, resucitas con nueva juventud;

 

que ostentas ya por cetro del libre el estandarte

y por dosel tu cielo de nácar y zafir,

y vas con el progreso, que vuela a iluminarte,

en pos del que te halaga brillante porvenir;

 

que ya tus nuevos hijos se abrazan como hermanos,

y juran devolverte tu angustia dignidad,

y entre ellos no se encuentran ni siervos ni tiranos,

y paz y bien nos brindan unión y libertad.

 

¡Oh Patria idolatrada!  Ceñida de alta gloria

prepárate a ser reina del mundo de Colón:

tu rango soberano te guarda ya la historia,

la fama te presenta tu lauro y tu blasón.

 

Pedro Mir

Si alguien quiere saber cuál es mi Patria

 

Si alguien quiere saber cuál es mi patria

no la busque, no pregunte por ella.

Siga el rastro goteante por el mapa

y su efigie de patas imperfectas.

No pregunte si viene del rocío

o si tiene espirales en las piedras

o si tiene sabor ultramarino

o si el clima le huele en primavera.

No la busque ni alargue las pupilas.

No pregunte por ella.

(¡Tanto arrojo en la lucha irremediable

y aún no hay quien lo sepa!

¡Tanto acero y fulgor de resistir

y aún no hay quien lo vea!)

 

No, no la busque.

Si alguien quiere saber cuál es mi patria,

no pregunte por ella.

No quiera saber si hay bosques, trinos,

penínsulas muchísimas y ajenas,

o si hay cuatro cadenas de montañas,

todas derechas,

o si hay varios destinos de bahías

y todas extranjeras.

 

  Siga el rastro goteando por la brisa

y allí donde la sombra se presenta,

donde el tiempo castiga y desmorona,

ya no la busque,

no pregunte por ella.

Su propia sangre, su órbita querida,

su instantáneo chispazo de presencia,

su funeral de risa y de sonrisa,

su potrero de espaldas indirectas,

su puño de silencio en cada boca,

su borbotón de ira en cada mueca,

sus manos enguantadas en la fábrica y

sus pies descalzos en la carretera,

las largas cicatrices que le bajan

como antiguos riachuelos, su siniestra

figura de mujer obligada a parir

con cada coz que busca su cadera

para echar una fila de habitantes

listos para la rueda,

todo dirá de pronto dónde existe

una patria moderna.

 

Dónde habrá que buscar y qué pregunta

se solicita. Porque apenas

surge la realidad y se apresura

una pregunta, ya está la respuesta.

 

 No, no la busque.

Tendría que pelear por ella…

 

  Negro sin zapatos

Manuel del Cabral

 

Hay en tus pies descalzos: graves

amaneceres.

(Ya no podrán decir que es un siglo pequeño.)

El cielo se derrite rodando por tu espalda:

 

húmeda de trabajo, brillante de trabajo,

pero oscura de sueldo.

 

Yo no te vi dormido… Yo no te vi

dormido…

aquellos pies descalzos

no te dejan dormir.

 

Tú ganas diez centavos, diez centavos

por día.

Sin embargo,

tú los ganas tan limpios

tienes manos tan limpias,

 

que puede que tu casa sólo tenga.

Ropa sucia,

catre sucio,

 

carne sucia,

pero lavada la palabra: Hombre.

 

Versos recogidos por Emiliano Tejera, escritos por Juan Pablo Duarte cuando se encontraba en Venezuela, y posteriormente publicados en el libro “Los Próceres Escritores” de Joaquín Balaguer, en 1971.

 

Era la noche sombría

y de silencio y de calma;

era una noche de oprobio

para la gente de Ozama;

noche de mengua y quebranto

para la patria adorada,

el recordarla tan sólo

el corazón apesara.

 

Ocho los míseros eran

que mano aviesa lanzaba

en pos de sus compañeros,

hacia la extranjera playa.

 

Ellos, que al nombre de Dios,

Patria y Libertad se alzaran;

ellos que al pueblo le dieron

la Independencia anhelada,

lanzados fuera del suelo

por cuya dicha lucharan;

proscritos, sí, por traidores

los que de lealtad sobraban;

se les miró descender

a la ribera callada,

se les oyó despedirse,

y de su voz apagada

yo recogí los acentos

que por el aire vagaban.

 

Tres poemas cortos de Mateo Morrison.

a)

Hubo un tiempo en que la Patria

fue el corazón de Duarte y unos libros.

Pero no pudo quedarse la patria en corazones.

Y a trabucazos y amor la conseguimos.

b)

De nuevo la Patria se ha arrinconado

en nuestros corazones

y en libros que resultan clandestinos.

c)

Pero como la patria no es sólo libros;

Amor y trabucazos,

Nueva Patria

 

 Guido enroscado en la patria.

El tiempo no ilumina a todos los caídos

sólo quien engendra chispas con la tierra

será envuelto en anillos diamantinos de recuerdos

sólo quien dispone con sus manos que continúe

el rodaje del amor

podrá entregar a una multitud de acentos populares

sus cenizas

sólo quienes se enrosquen a los pies de la patria

podrán correr por tantos labios

porque las estaturas se miden por un fervor

salido de los pueblos

El tiempo no ilumina a todos los caídos

 Maestra

Tizas se incendiarán

pizarras serán cenizas

en nuestros ojos asombrados

pupitres se derretirán

Súbitamente

dando paso a un nuevo rostro

Maestra irá por las mañanas

separando las piedras

niños irán detrás reinventando

caminos

El Nacional

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