El enfrentamiento ayer a tiros y pedradas entre choferes que se disputan el control de rutas de transporte en la zona Norte y Santo Domingo Este es apenas el episodio preliminar de una tragedia mayor que se avizora en medio del caos y la anarquía en que se ha convertido el sistema de transporte público.
Decenas de operadores de rutas en disputas escenificaron una guerra campal en la intercepción de las avenidas Nicolás de Ovando y Albert Thomas, que tuvo un saldo de diez heridos de piedras y armas blancas, descomunal desorden que Autoridad Metropolitana del Transporte (AMET) ni la Policía pudieron controlar.
Trifulcas entre choferes, como la acaecida ayer en el barrio 24 de Abril, se producen con preocupante frecuencia en el gran Santo Domingo y en municipios de provincia, con saldos en algunos casos de muertos y heridos graves, incluidos pasajeros, sin que las autoridades impidan este tipo de tropelías.
El desorden del transporte de pasajeros es de tal magnitud que mentados sindicatos o asociaciones de choferes reivindican propiedad, control, uso y disfrute de rutas de pasajeros o se apropian por la fuerza de esas vías, sin que se conozca de algún plan regulador aplicado por las autoridades que evite que calles y avenidas se conviertan en tierra de nadie.
Los enfrentamientos entre choferes por el control de rutas de guaguas y carros del concho es de tal magnitud que los intervinientes destrozan propiedades públicas y privadas, obligan a cierre de negocios y a los ciudadanos a guarecerse para poder salvar sus vidas.
La Oficina Técnica del Transporte Terrestre (OTTT), que ha sido piedra de escándalo por corrupción, ha obrado con negligencia ante el caos y la anarquía que prevalecen en el transporte público de pasajeros, donde el control de las rutas se disputa a balazos, pedradas y puñaladas. Hay que esperar, pues, una tragedia mayor.
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