Opinión

CAPSULA

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Gran obra… sin el Estado

El dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina se juramentó el 16 de agosto de 1930, iniciando así un régimen despótico que duraría casi 32 años.

El tirano nació el 24 de octubre de 1891, en San Cristóbal, por lo que el 24 de octubre de 1955 cumplía 64 años de edad, pero ese mismo año su gobierno llegaba a un cuarto de siglo.

Fue un año, el de 1955, de muchas celebraciones, desfiles, inauguraciones, etcétera, siendo una de éstas la del primer estadio de béisbol bajo luces: el estadio “Trujillo”, estrenado la noche histórica del 23 de octubre de 1955, unas 4 horas antes del 24 y antes, claro está, del citado aniversario de nacimiento del “Jefe”.

El béisbol profesional-romántico se jugó de 1951 a 1954 en el estadio de La Normal, del “Liceo Presidente Trujillo” con partidos diurnos los sábados y los domingos (podía ser doble juego dominguero) y días festivos.

La temporada 1955-1956 fue la primera del llamado béisbol organizado y ese 23 de octubre de 1955 vimos un estadio bajo luces, con muchas otras comodidades, e imitando un estadio de la misma estructura que el que había en la ciudad de Miami.

Esa noche del 23 de octubre de 1955 Alcibíades Colón, el maeño de los Tigres del Licey, se convirtió en el primero en batear un indiscutible en el estrenado estadio de los 411 pies por el jardín central y su pequeño monstruo verde de 23 pies.

Ajusticiado el tirano el 30 de mayo de 1961, vinieron cambios que trajeron un nuevo nombre para el estadio: “Quisqueya”, cuyo origen se desconoce, porque ni es castizo ni es taíno u otra expresión aborigen.

Y ahora, 55 años después de ser inaugurado, hay planes de remodelarlo y hacer en su entorno, en su periferia, en sus terrenos exteriores, una especie de “mini-ciudad”.

Si lo ejecuta una empresa privada sin la intervención estatal, ni siquiera del Banco Nacional de la Vivienda, yo estaría de acuerdo con esa obra moderna.

Pero si es para que el Estado patrocine o copatrocine a una empresa privada, yo no estaría de acuerdo con semejante inversión, que podría salir más cara la sal que el chivo.

Lo que hay que hacer es venderle el estadio a Licey y Escogido, para que carguen con todas las responsabilidades, sin gastar, como todos los años, el dinero del contribuyente en ese negocio. Y segundo, que si se realiza el plan, ambicioso e interesante, que lo desarrolle la iniciativa privada, sin el Estado.

El Nacional

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