El béisbol profesional cubano cesó en 1961, como parte de los cambios que se produjeron en la vecina, querida y tradicional isla con motivo del triunfo de la revolución encabezada por el doctor Fidel Alejandro Castro Ruz, el 1 de enero de 1959.
Era un béisbol de superior calidad, solo superado por el de las Grandes Ligas y que contaba con 4 legendarios equipos: los Azules del Almendares, los Claveles Rojos de La Habana, Marianao y Cienfuegos, todos en el escenario del famoso estadio del Cerro, hoy estadio Panamericano, como sede del excelente béisbol aficionado.
Bueno, el caso es que uno no concebía ese béisbol de Cuba sin voces como las de Rafael Rubí y Felo Ramírez, por citar apenas dos ejemplos de los magníficos narradores que tenía esa pelota de superior categoría.
De la misma manera que uno no podía aceptar que en ese mencionado béisbol amateur no tuviera la ya desaparecida narración de Hedí Martin, de un estilo original y pegajoso.
En el béisbol de Venezuela, por citar otro caso, no cabe en el siglo 20 ignorar lo que fueron narradores de la especie en extinción de un Delio Amado León o un Pancho-Pepe-Croquer.
Uno no hubiese entendido jamás que el siglo 20 no hubiese contado con el gran maestro Buck Canel (Papá Canel) para narrar los juegos de la Serie Mundial. o que hoy no tengamos en esos clásicos de octubre a una super estrella de la narración y los comentarios como es el caso del querido Ernesto Jerez.
O lo que hicieron precisamente en las narraciones de las Grandes Ligas dos de los pioneros criollos de ese medio ambiente: Billy Berroa y Lilín Díaz.
¿A qué viene esto? Muy sencillo: al hecho de que la gente, y me incluyo, no entiende como es posible que el béisbol dominicano se dé el lujo de prescindir de un maestro de la narración y los comentarios de la calidad inigualable del profesor Ricki Noboa, por demás, un periodista completo.
Y lo más grave del caso, además de la gravedad de que los amantes del béisbol no lo tienen en la pelota nacional, es que también lo afueriaron de las narraciones de las Grandes Ligas. A este último punto me referí en un comentario en el programa radial El Gobierno de la Mañana, de la Z-101.
Manuel Arturo Peña Batlle, una de las glorias de la cultura dominicana e hispana en general, dijo que el nuestro es un país insólito. Y el anuncio habla de un país muy especial.
Lo demuestra el absurdo, injustificado, abusivo y antideportivo caso del maestro Ricki Noboa.

