De un campo de Barahona al estrellato en Hollywood. De una provincia del paupérrimo Sur de la segunda década del siglo 20 (nacimiento) a ser nombrada en el exigente Séptimo Arte de la Meca del Cine como Reina del Technicolor.
De un lugar tan lejano en la República Dominicana que casi llega a la frontera con el pobre Haití, a ser estrella también en la exigente y racista Europa de su época (hoy queda algo).
Del caliente, polvoriento y deprimido sur barahonero a ser la esposa del afamado actor y director francés Jean Pierre Aumont.
De la pobre, pequeña, subdesarrollada y marginada nación de Núñez de Cáceres, Duarte, Sánchez, Mella y Luperón a ser huésped en la Casa Blanca, en el Congreso USA, en el departamento de Estado, en el Elíseo, etcétera.
De compartir con pobres muchachas de la gloriosa Barahona a codearse con Eleanor Roosevelt, María Moors Cabot, Marian Anderson, Lena Horne, Carson McCullers, Ernest Hemingway, John Dos Passos, Leonard Bernstein, Jan Peerce, Jackson Pollock, y un firmamento estelar del mundo del arte en sentido general.
De hija de un vicecónsul español y una criolla barahonera a ser dirigida por cineastas estelares, como Robert Siodmack, Arthur Lubin, John Rawlins, Gregg Tallas, etcétera.
De un colegio en Barahona y otro en las islas Canarias a ser co-protagonista con Jon may, Turhan Bey, Sabú, etcétera.
En Europa la reclamaron (incluyendo a la Parca) Jean Costeau (el niño terrible de las letras de Francia) Jean Rehuir, Abel Gance, Alain Renais y otras luminarias.
Pero en París, Ciudad Luz, le esperaba la oscuridad eterna en una bañera cuando iba a cumplir apenas 40 años de edad y estaba en el apogeo de su carrera europea, después de ser reina en Hollywood.
Se llamaba María África Gracia Vidal, pero el mundo la conoce como María Montes, la estrella, la artista, la dominicana que más lejos ha llegado en el cine mundial.
Este artículo que produce este fiel y viejo admirador de tan eximia barahonera, que se sentía orgullosa de su nacionalidad dominicana, es con el propósito de recordar que nos acercamos al centenario de su nacimiento.
Como le propuse una vez a la mejor biógrafa de María, la escritora, intelectual y artista clásica Margarita Vicens, hay que promover que con motivo de los 100 años del nacimiento de María, sus restos, y ella lo hubiera querido así, sean trasladados a la República Dominicana. Está enterrada en Montparnasse.
Sería el mejor y más justo homenaje centenario.

