Opinión

Cápsulas

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Joaquín Balaguer y su partido Reformista ganaron las elecciones del primero de junio de 1966, venciendo a Juan Bosch y su partido Revolucionario Dominicano.

En 1970 y 1974 en la República Dominicana hubo 2 farsas electorales, o sea, dos pantominas de comicios, dos maneras fraudulentas para que el presidente Joaquín Balaguer permaneciera en el poder.

En las elecciones de 1974 había la gran posibilidad de que el Acuerdo de Santiago, con Antonio Guzmán a la cabeza, sacara del poder ilegalmente obtenido al caudillo reformista.

Varias cosas impidieron que ese acuerdo se materializará, principalmente el torpedeo que desde el Partido de la Liberación Dominicana, fundado apenas el año anterior, se le hiciera con la intención de facilitarle las cosas al presidente Balaguer. Era aquella política de “pitcher y catcher”.

Pero las condiciones  estaban dadas para que el PRD, ahora con el pragmático, brillante, flexible y antibalaguerista José Francisco Peña Gómez, organizara un PRD capaz, con la ayuda internacional, de derrotar al doctor Joaquín Balaguer, como sucedió el 16 de mayo de 1978, no sin que para tomar juramento el 16 de agosto de ese año, el propio don Antonio, y Jacobo Majluta, tuvieran que esperar un proceso de trampas, fraudes, golpes bajos, trapisondas y amenazas.

Y así, se puso fin al régimen funesto de los llamados “12 años”, y el PRD, derrocado 15 años atrás, regresaba al poder político, no sin que antes los gacetazos, los engaños, las dilaciones y toda clase de mafioserías politiqueras se interpusieran en el camino.

El presidente Joaquín Balaguer no le perdonó, en sus afanes de guia de poder, al pueblo dominicano que de nuevo no lo apoyara (unido a los fraudes) en su sede insaciable de mando, en su apetito voraz de gobernar y en su mecanismo de siglo 20.

Para vengarse y siguiendo la línea vainera de Trujillo, el presidente Joaquín Balaguer, decidió echarle una vaina a la gente y burlarse del país: llevó al Panteón Nacional, los restos del architraidor Pedro Santana, pidiendo que los colocaran frente a María Trinidad Sánchez, una de las heroínas y héroes asesinados por el enemigo de la Patria, incluso en acciones de burla necrofílica con motivo del primer aniversario de la Independencia Nacional.

Balaguer, seudo duartiano y ególatra, se desquitaba de esa manera la “afrenta” de no ser reelecto y de no permitírsele un nuevo fraude.

Apoyo lo que siempre he apoyado: sacar los restos del apátrida del Panteón Nacional, como ahora propone  la Cámara de Diputados.

El Nacional

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