La educación debería ser el último pretexto para la estupidez. En ella encontramos el más efectivo antídoto contra las simplezas y el engaño. Y no es más que una engañifa esa de intentar traspasar a los colegios la indignación provocada por el paquete fiscal recién impuesto por el Gobierno.
Traspasar la ineficiencia estatal al sector privado en este caso, a las que imparten educación-, es tremenda irresponsabilidad, con todos los ribetes tramposos de quien improvisa. Siempre se le ve el refajo.
Las escuelas privadas suplen la ineficiencia estatal en la formación básica, así como las empresas de guardianes y seguridad han reemplazado en casi un 80% a las instituciones encargadas de mantener el orden, la tranquilidad y la seguridad ciudadana. Igual ocurre en con la salud, el agua potable, el transporte y el servicio de energía. Nadie, con dos dedos de frente, expone su vida, tranquilidad y sustento a las ofertas del Estado en estos renglones.
Volvamos a la educación, que es de lo se trata. Estos planteles deben asumir una responsabilidad social de primer orden por la esencial naturaleza del servicio que ofrecen. Sin embargo, es de sentido común entender que son compañías cuya permanencia y crecimiento depende de los beneficios que reciban. Para transcender, deben ser, además de moral, organizadas e interesadas.
El gobierno engrosa las cuentas públicas a costa de la iniciativa privada, sin dar respuestas a las demandas fundamentales de la población. Este del PLD ha sido un eficaz recaudador, pero un pésimo administrador, dejando con manos libres a la más insaciable prole de funcionarios corruptos que haya tenido la República desde su fundación.
El Consejo Nacional de Educación, que no ha sabido calcular el 4% porque se le explique, rechazó, al vapor, un alza en las tarifas educativas de los colegios. Pero no hay organismos a los cuales acudir para repudiar y revisar las medidas fiscales, la mala administración de los fondos públicos y la corrupción administrativa. A no ser las protestas, por supuesto.
De manera que promover el rechazo a los colegios es una tontería y una de las variadas formas de escurrir el bulto a que nos tiene acostumbrado el PLD. Apostando, desde luego, a que todos los dominicanos somos unos pendejos. Esta vez, pueden perder, todo el mundo espera que ocurra.
