Opinión

Carisma

Carisma

Estados Unidos ha tenido, en las últimas décadas, tres presidentes con gran carisma. Me refiero a John F. Kennedy, Ronald Reagan y Bill Clinton. Y Cuba tiene a Fidel Castro: valiente, inteligente y carismático.

          República Dominicana también ha producido figuras carismáticas. Uno de los ejemplos es el licenciado Hatuey De Camps. Desde los tiempos en que era presidente de la Federación de Estudiantes Dominicanos, creó grandes expectativas, por su autoridad, valentía, facilidad de expresión y carisma, pero siempre fue un prisionero de su temperamento y no pudo relevar al doctor Peña Gómez.

          También en el arte, hay figuras de gran carisma. Durante muchos años Fernando Villalona fue un  fenómeno artístico, pero se vio envuelto en múltiples escándalos que deterioraron su imagen. Cuando procuró hacer la transición, postulándose a la senaduría de Dajabón por el Partido Reformista, en 1998, el electorado  lo rechazó.

          Ahora observo a Laura Castellanos en la televisión. Es joven, hermosa, simpática, inteligente y carismática. El que la ve en la pantalla chica está obligado a quedarse mirándola, porque tiene una especie de imán. Creo, sin embargo, que sus cualidades están por encima de las de una simple presentadora, entrevistadora y locutora de noticias. No la he tratado todavía y desconozco su perfil completo. Si carece de autoridad, entonces, se quedaría relegada siempre a esos roles.

          En la actividad política muchos creen que la cultura es suficiente para alcanzar posiciones de jerarquía, pero no conozco, en el país, el primer intelectual que haya ganado una convención en un partido. La mayoría de nuestros intelectuales carecen del “pragmatismo” necesario e ignoran el bajo, pero eficiente  lenguaje para persuadir a los clientes de las organizaciones políticas mayoritarias.

          En ese último escenario la cultura, la moral, la valentía (como la de Wilton Guerrero) y el carisma son aspectos determinantes.

El Nacional

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