Santiago.- Carolina Hernández Guzmán pudo fácilmente seguir las riendas de su familia y vincularse en su vida profesional a las áreas políticas o administrativas. Pero posee una voz prodigiosa, de esas, que con educación y formación alcanzan la condición de ser únicas y privilegiadas para un grupo de muy pocos artistas a nivel mundial. Es dominicana, es santiaguera de pura cepa y detrás de sus metas ha tenido que dejar dos grandes tesoros: su país y su familia, e iniciar esta gran travesía, que sin lugar a dudas le apasiona y emociona.
Quienes conocen de música, reconocen la calidad y versatilidad de la voz mezzosoprano verdiana, voces gruesas y audaces, como la que tiene Carolina Hernández, que permite crear ricas y variadas ornamentaciones vocales. Fue en sus estudios de Licenciatura en Arte Dramático en la Universidad del Salvador en Buenos Aires, cuando sus formadores descubrieron sus auténtica y verdaderas cualidades artísticas.
Lo primero que debió enfrentar fue el cambio de cultura, admite que para sus padres José María Hernández y Sonia Guzmán de Hernández, si hubo algo de sorpresa en su momento, pero el hecho de que ambos estudiaron música en Bellas Artes de Santiago y son grandes admiradores de la música clásica, tener uno de sus hijos volcado a la ópera, creo les ha provocado gran satisfacción comenta. En la universidad de El Salvador, ha recibido entrenamientos con famosos directores de teatro, dramaturgos y cantantes líricos como Corina Fiorillo (actriz, física, directora), Julio Bacaro ( actor y director), Julio Ordano (director y actor), Adriana Tursi actual directora de la carrera (regisser), Jorge Dubatti (escritor, director y actual director del Centro Cultural de la Cooperación en Buenos Aires), Eduardo Pavelik ( director y actor), Laura Montes de Oca ( actriz y directora, especialista en clown) y sus formadores y amigos Diego Sanclemente, famoso bajo barítono de fama internacional y la pianista clásica con carrera en Argentina, Inglaterra, Francia e Italia, Vera Ruíz Díaz. Durante este proceso muchas cosas cambiaron en su vida ya que tuvo que olvidarse por completo de algunos placeres como el alcohol social, el estar cerca del humo, la comida picante, gaseosas, bebidas muy frías o muy calientes, comidas o bebidas ácidas y tuvo que reducir al mínimo su amado cafecito.

