¿Y la mujer mulata?
Señor director:
El 99% de los anuncios publicitarios del país, relativos al Día de las Madres, encartados en los periódicos, presentó este año, exclusivamente, modelos rubias y del mal llamado pelo bueno o pelo muerto.
El sector de la publicidad de este país ignora a la negra dominicana, a la de pelo malo o ensortijado, pese a que es la mayoría, y que su vibrante dominicanidad ya está debidamente matriculada en el mapamundi.
Atentamente,
Juan Carlos García
Santo Domingo
Juan Pablo II
Señor director:
Juan Pablo II, beatificado por su sucesor Benedicto XVI, fue un Papa excepcional, que inauguró una nueva era en la Iglesia Católica. Bajo su liderazgo espiritual, el Vaticano dejó de ser indiferente o aliado de los grandes abusos y atropellos, y se convirtió en una voz contestataria.
Es así como Karol Wojtyla alentó los movimientos libertarios en su natal Polonia, en apoyo al Movimiento Obrero Solidaridad, pero también se opuso y condenó la invasión de Estados Unidos y aliados a Irak para sacar del poder al dictador Saddam Hussein bajo el pretexto de que éste poseía armas químicas.
En sus prédicas cristianas y sociales recorrió el mundo. República Dominicana tuvo la fortuna de que Su Santidad la visitó en tres ocasiones, en la ultima de las cuales, 1992, sorprendió al planeta al pedir perdón por las atrocidades cometidas por la Iglesia, aunque fueran a nombre de la fe.
El momento no pudo ser mas apropiado, Fue en el V centenario del Descubrimiento de América.
El fervoroso entusiasmo con motivo de la beatificación de Juan Pablo II se explica por su misión y nobleza. Tras el atentado que por poco le cuesta la vida. Su corazón era tan grande, que antes de recuperarse perdonó y oró por su agresor.
Acontecimientos como la beatificación en tiempo record del Papa polaco tienen siempre muchas lecturas. Desde mi punto de vista se trata tanto de la exaltación de un religioso que cultivó los valores más sagrados de la vida.
Su papado coincidió con el derrumbe de la Unión Soviética y sus satélites, con la apertura de una entidad tan tradicional y cerrada como el Vaticano. Celebro con entusiasmo su merecida beatificación.
Atentamente,
Rafael Cordero Díaz
Santo Domingo

