En las economías del siglo XXI, hablar de nacionalismos resulta desfasado, lo cual traemos a colación ante las críticas que se han levantado a raíz de la decisión del presidente Leonel Fernández de vender a Venezuela, el 49% de las acciones del Estado en la Refinería Dominicana de Petróleo, por la suma de 130 millones de dólares.
Quienes ven peligro de que un bien estratégico como las acciones de Refidomsa pasen a un país extranjero, olvidan la historia de la Refinería, construida por un consorcio japonés en la década del 1970, por encargo de la Royal Dutch Petroleum Company, verdadero nombre de la Shell, y que significa Compañía Real Holandesa de Petró1eo, propiedad del Rey o la Reina de los Países Bajos, en sociedad con la corona real británica.
El poder combinado de las tres principales compañías petroleras, supera al de cualquier Estado. Basta con decir que en el 2008, la EXXOM, la gigante norteamericana, tuvo ventas por 347 mil 254 millones de dólares, con ganancias de 39 mil 500 millones; la Shell hizo negocios por 318 mil 845 millones de dólares y ganó 25 mil 442 millones y que la Chevron vendió petró1eo por 200 mil 567 millones de dólares, que le dejaron de beneficio la respetable cantidad de 17 mil 138 millones.
Venezuela posee una refinería en Estados Unidos, y desarrolla un proyecto para instalar en Cuba otra planta regional para abastecer de productos petroleros a buena parte del Caribe, por lo cual carecen de sustentación las objeciones en contra de que esa nación solidaria, se haga socia de este país.
Por el contrario, las instalaciones de Refidomsa, obsoletas, apenas son capaces de procesar el 20% de los combustibles que el país necesita, y el Estado no tiene el capital necesario para ampliarla.
Hugo Chávez, supuesto a estar en el país el día 30 para participar en un homenaje a Juan Bosch, y a quien adelantamos una afectuosa y calida bienvenida, resultaría en estos momentos, el mejor socio posible del pueblo dominicano, en materia petrolera, ya que nos garantiza el suministro y los mejores precios en el fluctuante mercado petrolero, pues no olvidemos que cuando el barril del crudo el año pasado se cotizó a 140 dólares, la refinería venezolana en Estados Unidos vendió gasolina a precios subsidiados, y no descartemos que pueda repetirse una historia similar en el mediano plazo, y nosotros salir gananciosos.
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